Fíjate tú. Cuando era pequeño erais poco más o menos como mis super héroes particulares. Los de casa. Competía con los vecinos y uno siempre era el más fuerte y la otra la más lista y las más guapa.
Con el paso del tiempo, os humanizasteis. Dejasteis de volar envueltos en capas y posasteis los pies en el suelo. Os transformasteis en seres más cercanos. A veces, hasta el extremo de que os considerase uno más de mis amigos, con todo lo bueno y malo que ello conlleva . Entre lo malo, la pérdida de ese halo de heroicidad que siempre os acompañó durante mis años mozos. Ahora , estamos ante una nueva fase, una nueva apreciación: el declive. Las arrugas, la pérdida de fortaleza , la vejez, aparte de acabar por vulgarizar la imagen que podría tener de vosotros, ha servido, súbitamente, para cambiar las tornas en esta relación de poder que, a fin de cuentas, es toda interacción humana. Ahora el fuerte soy yo ,incluso el "listo" (esto lo tengo que poner entre grandes comas). Ahora me toca a mí cuidar de vosotros, ayudaros , responder a vuestras peticiones de consejo.
De alguna manera , he de reconocer que, eso me desespera un poco. Yo nunca quise esa responsabilidad. No estoy hecho para ella. Nunca he sido un super héroe a ojos de nadie.
Y de repente ¡Pum! Ahí estas tú. Ya con tus arrugas y tus achaques, tus debilidades y tus miedos, has desempolvado tu capa de super heroína y te has puesto manos a la obra. Que estúpido he sido. Si siempre has estado ahí... ¿Cómo he podido dudar, madre mía?