lunes, 30 de marzo de 2020

Abro los ojos

Abro los ojos. La escasa luz que entra por la ventana me sugiere una hora aproximada. ¿Son las 7? ¿A qué hora amanece en Marzo? El móvil está lejos y no me apetece levantarme para comprobarlo. ¿Son las siete de la mañana o de la tarde? ¿Está amaneciendo? ¿Está atardeciendo? ¿A qué hora atardece en Marzo? ¿Me estoy levantando de la siesta...? ¿Me tumbé para la siesta después de comer? Pero, ¿a qué hora amanece entonces, a qué hora atardece? ¿Han cambiado ya la hora? Si a las 2 son las 3, ahora...¿Son las 8? ¿Importa? 
Consigo levantarme de la cama. Voy dando tumbos hasta el móvil y lo enciendo. Tarda una eternidad en encenderse. ¿Por qué lo apagué? ¿Y si llama alguien? ¿Y si se ha muerto alguien, y si han ingresado a alguien, y si han detenido a alguien, y si ha pasado algo? Se enciende por fin. Las ocho y media de la mañana. 08.32, para ser exactos. Y no las 20.32. Amanece entonces. Que no es poco.  
Casi al momento, cincuenta notificaciones me explotan en la pantalla. WhatsApp, Facebook, Instagram, Público, El País, el Mundo Today, Snatchap, CandyCrush, Tinder, Spotify, Googlemaps. En WhatsApp, mis colegas han creado un buen número de grupos nuevos, y me han añadido a otros tantos: ‘Aliados contra el Coronavirus’, ‘La resistencia enmascarada’, ‘La resistencia’ (a secas), ‘Aires de cambio espiritual’, ‘Luna en virgo; nuevos astros marcando el camino’, ¿Qué hacer cuando estamos esperando?’, ‘Manualidades para peques’, ‘Aprovechando la cuarentena’, ‘Fiesterxs sin tregua en cuarentena’, ‘Vitamina C y otros remedios para el Coronavirus’, ‘JUNTOS, ADELANTE, VENCEREMOS AL MUTANTE’. 43 memes nuevos. Gente sacando la basura vestida con bolsas de basura, ocurrencias chistosas de los graciosillos de la última fila del cole, audios de gente indignada porque los vecinos o los policías les han puesto mala cara y han tenido que irse corriendo a descargar su llanto en las teclas, imágenes improbables de animales salvajes correteando por la gran Manzana, recogidas de firmas, llamamientos mundiales a la meditación colectiva para erradicar al virus.  
Facebook me recomienda amistad con gente algorítmicamente viable pero cuarenténicamente imposible. Instagram, tips de cortes de pelo, laca de uñas, ejercicios para reforzar el suelo pélvico y los últimos posts de artistillas que han decidido regalarle todo su tiempo y todo su ego al virus. 
Público me despierta de golpe con cifras; 85.000 casos confirmados en España, 101.000 en Italia, 11.000 muertos en Italia, 7.000 en España, 3.300 en China, 2.200 en Trump Paradise... Espera, ¿Son más que ayer? ¿Son menos? Los que están en sus casas con síntomas pero no se han realizado el test no cuentan para la estadística... ¿Entonces?. Ventanas emergentes y pop ups por todos lados: Ejercicios para realizar desde casa, El teletrabajo y sus beneficios a largo plazo, Hombre toma foto a su esposa en su noche de bodas, lo que descubrirá a continuación te dejará sin palabras. 
El País continúa con su bailoteo de cifras y sus disputas virtuales entre partidos. Noticias nuevas, noticias de siempre, Muchos más muertos en China que lo que se dio a conocer, Nuevo lote de tests llega a Madrid, la provincia más castigada, Una plaga de langostas en Marruecos amenaza con llegar a España, Preocupación en el norte de Italia por una posible revuelta popular, El asteroide 52768 (1998 OR2) pasará cerca de nuestro planeta el 29 de Abril, Los sanitarios del Gregorio Marañón se quejan de la falta de EPIs. 
Mareada, dejo el móvil en la mesa y me dirijo a la cocina. Desayuno mientras los pensamientos me taladran la cabeza. En la radio, un locutor joven, probablemente empastillado, y a estas horas, madre mía, relata con jovialidad y una energía que roza la náusea las buenas noticias que, según él, estamos olvidando por culpa de la pandemia. El agujero de la capa de ozono ha disminuido, ALL RIGHT, las altas por el virus son mucho más numerosas que los decesos, ALL RIGHT, la solidaridad de la población hace posible que nuestra situación no sea mucho más grave, ALL RIGHT, numerosos músicos ofrecen conciertos online totalmente gratis para sus fans, ALL RIGHT, Amancio Ortega y otros importantes empresarios han donado... 
El café se me ha quedado frio y, de todas formas, no me gusta la leche de hinojo que encontré en el último estante del Día. Mientras friego la taza, con esa lucidez que me asalta siempre a esas horas de la mañana, se me ocurren varias medidas efectivas de contención de la población que, pienso, el gobierno debería poner en práctica. A la vez, me vuelven a la cabeza las conspiranoias de siempre: virus de laboratorio, prácticas militares estadounidenses en Europa, control mental, confinamiento interesado, confinamiento necesario, control de la población, control de natalidad, Los pangolines son el paciente cero, ¿Estás infectado? Primeros síntomas, ¿cómo detectarlos? 
Después, pensamientos más elaborados y creativos. Es un tirus, vale. ¿Un tirus? Un virus, coño. El café no me ha hecho efecto. Hablemos de las langostas. Las de África, no las de Galicia. Las langostas...¿Pueden contraer el virus? De ser así, ¿morirían todas de neumonía, acabándose así con la plaga que amenaza nuestra Patria? Y si no pueden contraerlo...¿Pueden eliminarlo? ¿Las langostas pueden merendarse al virus? Son bichos pequeños (bueno...en realidad no tan pequeños, hace 20 años pasó algo parecido; era más bien hermosotas, y a mí me fascinaba verlas comer con deleite toda hoja o árbol que se pusiera en su camino) 
Si ni pueden contraer el virus ni pueden eliminarlo ellas solas, nos quedan otros frentes. Anoche, antes de quedarme dormida, leí en una de estas páginas de fenómenos naturales lo siguiente: ‘El volcán Merapi, situado en la isla de Java, ha registrado una fuerte explosión volcánica. Las partículas de ceniza se han elevado a 2 kilómetros’.  
También, Un terremoto de magnitud 7,7 sacude el Mar Caribe. El sismo fue seguido de una alerta de tsunami para Belice, Honduras, México, Jamaica, Cuba y la Isla Caimán.  También en Chile. (Mi amigo chileno se rió cuando le pregunté por el reciente terremoto de su país: ‘Anda, mi negra, si acá hay terremotos todo el tiempo, ustedes allá en España sí que están fregaos’.) 

Vale. Entonces tenemos: El Corona, las langostas, el asteroide, el volcán de Java, el terremoto del Mar Caribe y el posible Tsunami de varios países cercanos a él. Pensemos. 
El volcán de Java podría acabar con el virus; es bien sabido que el bicho muere a altas temperaturas. También habría bajas humanas, esperemos, de personas infectadas, porque, si no, no tendría sentido. ¿Qué hacemos con el resto de Indonesia? El país está confinado, leo en Google. Perfecto. Ni el virus ni la lava, por protocolo, pueden entrar.  
El terremoto podría acabar con las langostas, pero resulta que estas se encuentran en otro continente. ¿Podría el terremoto acabar con el virus? ¿Le divertiría a Covid el sube-baja terrestre, sacudida tras sacudida, o lo destruiría? Pongamos que lo destruye. Ya sólo nos queda qué hacer con el posible Tsunami. Con las langostas tampoco hay nada que hacer, a no ser que, movidas por un ansia irrefrenable de conquistar nuevos territorios, decidieran atravesar el Atlántico. No tengo claro que Covid sepa nadar. A mis sobrinas les he leído varios cuentos sobre el tema: ‘¡Covid va al parque!’, ‘¡Covid va a patinar!’, ‘¡Covid va de excursión!’ ‘¡Covid va de visita a una residencia de ancianos!’, pero nunca les llegué a leer el de ‘¡Covid va a la piscina municipal!’ (se habían agotado), por lo que no sé si el pequeño Covid conseguía nadar al final o, por contra, se hundía y moría en el fondo de la piscina.  
Vale. Pongamos que no sabe nadar. Problema resuelto en esa parte del planeta. Porque, si sabe nadar, un tsunami contagiado de coronavirus es más de lo que mi corto cerebro es capaz de procesar a estas horas. Así que no, no sabe nadar. 
Pero, ¿qué pasa con el resto del mundo? ¿Qué pasa con Belice, Luxemburgo, Andorra la Bella, España, Sri Lanka, Irlanda? ¡Rusia! ¿Qué pasa con Rusia? 
Ah, un momento. 52768 (1998 OR2), claro. El pequeño asteroide. Él es la solución final. Impactando contra la Tierra, el resto de plagas apocalípticas se irán a la mierda. Nosotros también, pero bueno, aquí hemos venido a jugar. Lástima de nuestra nueva y reluciente capa de ozono.  
Mientras sigo pensando en el simpático asteroide que salvará a la humanidad, miro distraídamente por la ventana de la cocina. Vuelve a haber una luz incierta. ¿Atardece? ¿Amanece? ¿Qué hora es? ¿Cuánto rato, cuántas horas llevo ensimismada, pensando? Si a las 2 serán las 3...¿Entonces? ¿Me acuesto? ¿Me levanto?     


Los locos

Tú me dijiste hace poco eso de ¨¿Te imaginas como se sentirán los locos?¨ Es decir, si no distingues la realidad de lo que es mera creación de tu imaginación, esta situación que estamos viviendo hoy en día, puede llegar a ser cuanto menos confusa. Te puede incluso llevar a reconsiderar la medicación que estás tomando.

Evidentemente, tú no has sido la primera persona en hacerse esa pregunta. No ya "esa" pregunta en concreto, sino la pregunta que está detrás de esa que formulaste, ¿es mi realidad real? Y que nos llevaría a otra ¿estoy loco? ¿Estamos todos locos? Es una cuestión que azota las mentes de filósofos, escritores y teólogos desde que el mundo es mundo. Y ahora me ha tocado a mí.

No voy a meterme en cuestiones filosóficas. Simplemente quería plasmar como la realidad se vuelve confusa y se diluye más allá de las paredes de mi casa. Estos días soy solo consciente de la "realidad" de mis cuatro paredes, de mi propia realidad.

El ruido que llega de fuera es cada día más inverosímil. Una enfermedad que azota el mundo entero. Tiene a las gentes encerradas en sus casas, pendientes de la radio, de la televisión, de las pantallas de sus móviles y ordenadores. Medios que no paran de emitir lo que cada vez más se parece más a una ficción propia de la Guerra de los Mundos.

Recuerdo que justo antes de que todo esto empezara hablaban estos mismos medios de una plaga de langostas que estaba desolando las cosechas del Este africano. Las últimas noticias que tuvimos de ellas hablaban de su aproximación a las Islas Canarias.

También escuché vagamente hablar de un meteorito catalogado por la NASA como altamente peligroso que se cruzaría con La Tierra a finales de Abril. Ya no se habla de dicho meteorito tampoco.

Incluso había cierta preocupación a nivel internacional con la creciente actividad bélica y el fuego cruzado que mantenían las tropas rusas y las turcas en el Norte de Siria. Desde que estallo la crisis sanitaria, ligada a la explosión de la COVID-19, creo que Siria ha dejado de existir para mí.

Que curioso , yo , en mi realidad absoluta, quiero ver ahí a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.

Esa era la realidad de antes. Ahora parece que el mundo se arruga sobre si mismo. Es como si los polos se quisiesen tocar, acercándose el uno al otro, acercándose al núcleo de nuestro planeta, derritiéndose en el proceso... Un mundo que se ha vuelto del revés, donde nada es lo que parece.

La civilización se viene abajo, clanes de gitanos se pelean por controlar un mercado de droga que nunca volverá a abrirse, políticos y financieros alemanes empiezan a saltar de sus altos rascacielos para asegurarse una muerte noble, digna y con las cuentas de sus bancos aún bien cargadas de dígitos; los líderes políticos mundiales vagan sin rumbo, se confinan, niegan la realidad o enferman como el resto de los mortales. Hay incluso alguno que ha decidido encerrarse en un hotel de lujo de un país distinto al suyo con sus cuatro mujeres y sus veinte concubinas..  ¡que el fin del mundo le pille bailando! Otro, ha empezado a vender el agua de la fuente de su pueblo como milagrosa y la gente le paga con toneladas de papel higiénico.

Y los ricos se mueren de una simple gripe. Lo que me ha traído a la cabeza un poema de Jorge Manrique que leí hace tiempo.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.

Como digo, la realidad no me parece ya real. ¿Será que me estoy volviendo loco ?

Momo (Michael Ende)

Un día Beppo, el barrendero, le dijo:
"Mira, Momo, la cosa es así: A veces, cuando tienes una calle muy larga por delante, piensas lo terriblemente larga que es y te sientes seguro de que nunca la barrerás. Y luego empiezas a darte prisa. Trabajas cada vez más rápido y cada vez que levantas la mirada parece que te queda la misma cantidad de calle por barrer como antes, y te esfuerzas aún más, y te asustas, y al final te quedas sin aliento y tienes que parar. Y aun así la calle se extiende frente a ti. Esa no es la forma de hacerlo.

Nunca debes pensar en toda la calle a la vez, ¿entiendes? Sólo debes concentrarte en el siguiente paso, el siguiente aliento, el siguiente golpe de la escoba, y el siguiente y el siguiente. Nada más.

De esa manera, disfrutas de tu trabajo, lo cual es importante, porque entonces haces un buen trabajo. Y así es como debe ser.

Y de repente, antes de que te des cuenta, descubres que barriste toda la calle, poco a poco. Además, no estás sin aliento. Eso también es importante."

viernes, 27 de marzo de 2020

El Zahir (Paulo Coelho)

"Escuché a otras personas hablar en nombre de la libertad, y cuanto más defendían este derecho único, más esclavizados parecían estar: Por los deseos de sus padres, por un matrimonio en el que habían prometido quedarse con la otra persona "por el resto de sus vidas", por las básculas de baño, por su dieta, por proyectos a medio terminar, por amantes a los que no pudieron decir "no" o "se acabó", por los fines de semana cuando se vieron obligados a almorzar con personas que ni siquiera les gustaban. Esclavos del lujo, de la apariencia del lujo, de la apariencia de la apariencia del lujo. 

Esclavos de una vida que no habían elegido, pero que habían decidido vivir porque alguien había logrado convencerlos de que era la mejor opción.

Y así pasaron sus días y noches idénticos, días y noches en que la aventura era sólo una palabra en un libro o una imagen de la televisión que siempre estaba encendida, y cada vez que se abría una puerta, decían "No estoy interesado. No estoy de humor."

¿Cómo podían saber si estaban de humor o no, si nunca lo habían probado? Pero no tenía sentido preguntar; la verdad era que tenían miedo de cualquier cambio que pudiera alterar el mundo al que se habían acostumbrado."

II. No hay bestia tan feroz.

No sé si fue primero la histeria o la desolación, la cadena de eventos se mezcla en mi mente. La realidad es que nadie esperaba un escenario tan aterrador. La catástrofe, inesperada como el último paso antes de caer por un acantilado, es siempre una sorpresa.

Quizás el detonante fue el tsunami de información que colapsó las redes y nos dejó a oscuras. El cerebro se vio solo, desprotegido y la gente se sintió desnuda, indefensa. El miedo hizo que se incumplieran las ordenes, volvieron las reuniones donde vencían las teorías más paranoicas, puede que eso reavivase el brote, más agresivo, imparable... las muertes pasaron a ser incontables. El pánico llevo al vandalismo, el vandalismo a la violencia descontrolada.... Y fuimos abandonados.

Los peores enfrentamientos se habían producido en frente de los supermercados y distribuidoras de comida. Básicamente, allí donde había uno ahora se amontonaban los cuerpos y las ratas. Ni rastro del maldito Estado, ni del gobierno, ni del ejército. Alguien en algún punto eligió qué ciudades debían ser protegidas. Granada no estaba entre ellas.

Yo había tenido una buena relación con las farmacéuticas del barrio, pero hacía tiempo que sospechaba que no andaban por allí, como todos, escondidos o muertos. No fui el primero en intentar entrar, pero sí el primero en estrellar mi coche contra el cristal, sacrificar el coche, y lograr un alijo de fármacos importante. Mis compinches eran mis vecinos de la urbanización, un electricista, un culturista y un ex-coronel. El hecho de compartir el patio de nuestra urbanización nos obligó a colaborar. No eran grandes conversadores, pero si hombres de acción. Parecía que era lo que requería la situación. El militar tenía dos armas, lo cual nos dio una ventaja importante. Una, dos, tres farmacias..., nos lo llevamos todo. Pronto pinté una cruz roja con sangre en mi garaje. Los mastines en la puerta, el rifle en el tejado. El servicio de atención farmacéutica de la zona había cambiado de lugar, y de reglas...

Funcionábamos por intercambio, primero vinieron aquellos que tenían grandes reservas de comida y papel higiénico (siempre el puto papel); se comprobó que se soporta mejor el hambre que la ansiedad. Teníamos a la gente donde la queríamos, y tengo que reconocerlo, sangrábamos considerablemente su abstinencia. Yo la conocía bien, sé lo que vale. Empezamos siendo muy cabrones lo reconozco,  pero luego cuando vimos la abundancia que llenaba nuestros garajes , nos volvimos unos heresiarcas medianamente generosos... qué coño a veces parecíamos la puta Cruz Roja. Empezamos a dar pastillas como caramelos. Como la mayor parte de las veces no teníamos ni zorra de que cojones querían, y no habíamos ordenado nuestra mercadería (básicamente todos los medicamentos estaban dentro de la gran piscina vacía), normalmente tirábamos a seguro, derivados de los opioides, ansiolíticos y relajantes... y luego recibíamos feedback: si no volvían es que o iban muy bien o muy mal, ese era el feedback. A eso le llamábamos misericordia. Los conceptos se redefinen con el tiempo.

A veces, sin embargo, si sospechábamos de algún pedigüeño avaricioso, acompañábamos al personaje a su casa cuando no había luz, armados, y en la mayor de las veces, nos encontrábamos con un wallapop lleno de ilusiones... a eso le llamábamos, devolución de la misericordia. Estábamos perdiendo la puta cabeza.

Llegamos a la sabia conclusión de que bajo nuestro gobierno era constatable que la tranquilidad aumentó en todo el barrio, ya sea por deceso vírico, colocón crónico o sobredosis desinformada. Hice una gráfica de esas que le gustaban tanto a la gente, arriba ponía: Selección Natural. Y eso que la muerte estaba cerca de todos nosotros, en forma de virus o balazos, pero la gente se lo tomaba bastante mejor. Escuché que en cada área o barrio se iban consolidando grandes centros del vicio y el oprobio. Nosotros ya teníamos nuestro nicho.

Un día, recordé que hace bastante tiempo, a las 7 o a los 8, no recordaba bien, la gente salia a los balcones a aplaudir o algo así, pero no lo tenía muy claro, mi propia relación con lo que suministraba dejaba todo bastante borroso. El coronel mientras tanto, se estaba relajando en la abundancia, y básicamente se las pasaba emborrachándose y disparando a las pilas de latas de conservas. 

En estas que un día, hice una incursión en una casa de uno que abusaba de nuestra generosidad farmacológica. Se parecía mucho al cantante de los Planetas, de hecho, creo que era él. En eso, le dije que, por las deudas contraídas con la Real Academia de Cabrones Suministradores de Felicidad, su casa quedaba embargada porque estaba muy chula, y quería quedarme con sus discos y sobre todo con su equipo de música. Era la puta hostia. Necesitaría muchos días para trasladar todo eso a nuestro centro de mando. No le hizo gracia mi idea. No acabamos bien. Bueno él no acabó bien, yo acabé con su equipo instalado en mi habitación-castillo. 

Así que recordé eso que decía de las 8, en un momento me dio por sacar los buffles hacia fuera y pinchar el primer disco que cogí de la colección del ya ex-cantante de los Planetas. Me cago en la puta, que momentazo. Pinché el disco. Y empieza a sonar algo mágico, era patéticamente mágico, no pegaba nada en este ambiente post-apocalíptico, de hecho lo cortó como cuchillo en mantequilla con la calidez de una mantita de bebé. Como si de repente toda la sangre, fuesen restos de fresas, y los cadáveres bellos muñequitos de madera.

Y allí lo vi, en el descampado (antes campo de fútbol y ahora campo de tiro) de en frente, estaba Dios que había bajado para ver el pifostio planetario que se había montado y había hecho del descampado su dance-floor. Se estaba pegando un baile ridículo y gracioso de cojones. 

Desde ese día, como teníamos tan drogada a toda la urbanización, incluidos nosotros, si a las 8 no ponía el disco la gente nos tiraba piedras, incluso un viejillo vino  un  día con un mosquete francés del XIX, pegando tiros y maldiciendo... quería su nueva droga sonora puntual, que sintetizaba bien con el cocktail que ya tenía en casa...

Dolly Parton - Island in the Stream. Vaya puta canción para el apocalípsis. 

Y así a las 8, me hacía siempre la misma pregunta en la lengua de la jodida Dolly:
 Do you know where is god? God is on the dance floor. 

Y me reía solo, entre restos de fresa y muñequitos de madera.


- Von Alamein 


Gato, ¿Que gato?

Para agasajar a sus invitados, Nasreddin le dio un trozo de carne a su mujer para que lo cocinara.
Cuando la comida llegó, faltaba la carne. Ella se la había comido.
- El gato se comió los dos kilos de carne - les dijo -.
Nasreddin puso al gato sobre la balanza. Pesaba dos kilos.
- Si este es el gato - dijo - ¿Donde está la carne?
Y si, por el contrario, ésta es la carne, ¿donde está el gato?

# Ventajas +1

Yo también estoy cagando muy bien, esperemos que la secta de los epidemiólogos no se metan con nuestras heces.

jueves, 26 de marzo de 2020

En una incógnita

Yo no entiendo cómo es que la pandemia sigue aumentando, habiendo tantísimos epidemiólogos en España y el mundo que saben bien lo que habría que haber hecho. En mi facebook hay lo menos 30 o 40.

 Infectada289/k 

Ventaja de la cuarentena # 1


Odio ser el que rompe los relatos bonitos, la poesía y la creatividad con un tema un tanto repelente, pero alguien tiene que asumir el rol y estoy dispuesto a asumir responsabilidades.

Llevo poco más de una semana cagando muy pero muy bien. Número de veces, cantidad y consistencia. Todo OK. Creo que son las consecuencias de comer bien, sin estrés, de manera regular, 3 veces al día y no tener resacas constantes. Antes esto no era así. Hmm… quien lo diría.

...Día 13 (porque yo llevo 13).

¿Sobrevives?

Últimamente estamos utilizando muy a menudo la palabra "sobrevivir" porque nos parece gracioso o quizá más conveniente y acorde al momento actual. Y lo hacemos sin pensar en las graves implicaciones que conlleva...

Queridas, queridos:

No hemos nacido para sobrevivir, hemos nacido para vivir. Y ahora lo tenemos más fácil que nunca. Ahora no hay excusas.
Ahora no hay obligaciones ni nada que nos pueda distraer de experimentar cada momento, de maravillarnos de estar vivos, de poder sentir y poder ser consciencia presente.

Así que aprovechemos el momento para darnos el regalo de vivir nuestra existencia, ¡no tenemos nada mejor que hacer! Ni ahora ni nunca.

No nos conformemos con estar vivos, SEAMOS VIVOS.

Infectada289/k

miércoles, 25 de marzo de 2020

El último paquete

Aún recuerdo cuando lo recibí. Alguien tocó al timbre. Me llevó un tiempo en percatarme de que el sonido era real . De que, era verdad , alguien estaba ahí abajo tocando al interfono y de que ese impulso eléctrico hacía resonar un infernal pitido dentro de mis oídos . Cuanto tiempo sin escucharlo. Acudí a la puerta y contesté . 

- Deliveroo.

No sabía que seguían repartiendo. Mientras el chaval subía las escaleras, hice un repaso mental de las últimas adquisiciones que había hecho. Había pedido cosas hacía mucho tiempo. Todas de primera necesidad: pintura, matarratas (la paloma asesina había vuelto), bombonas de butano, bombillas de colores, papel higiénico... Ninguna llegó nunca. Me percaté de que el tiempo es relativo y pierde todo su significado cuando estás en confinamiento. Un día aquí dentro equivale a una semana ahí fuera. Así es fácil perder la noción de cuanto tiempo ha pasado. Mi calendario es un folio en blanco. De vez en cuando, la radio me dice que días es y , en ese caso, lo escribo en el mismo. El problema es que una fecha escrita en un folio en blanco acaba por perder su significado .Un par de horas después de haber anotado dicha fecha, no seré consciente de si han pasado dos horas , un día o una semana y habrá perdido todo sentido indicativo que hubiera podido tener. 

El chaval que había empezado a subir las escaleras era viejo para cuando llegó a mi rellano. 

- Firme aquí.

Enfrente mía la dichosa cláusula de imperiosa necesidad. Firmando el justificante admitía que el producto entregado a mi domicilio era de primera necesidad . De incumplir dicha cláusula, de acuerdo al Real Decreto del 14 de Marzo, me podían enviar a prisión. La firmé sin saber que había en el paquete. Total, ya estaba encarcelado. 

Apenas cerré la puerta, me tiré sobre el paquete. No pude contener mi sorpresa cuando vi al niño envuelto en pañales. No necesitaba mirar el remitente para saber de dónde venía. Apenas lo vi supe que era mío. Tenía mis ojos, mi nariz y olía de una manera que me resultaba  extrañamente familiar. 

Nunca había criado a un niño pero, bueno, si algo hemos aprendido en este tiempo de confinamiento es que siempre podemos tirar de youtube en casos de necesidad. Por suerte las mujeres sudamericanas son de las mejores madres e influencers del mundo. En cuestión de días el niño estaba criado. Aprendió a andar , a hablar, a cocinar , a limpiar la casa... 

Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Pero hay una cualidad que tienen los niños que no la tienen los borrachos, y es que son capaces de formular preguntas que o bien no tienen respuesta, o que los adultos no nos atrevemos a preguntarnos. Y hay una cualidad que tienen los borrachos que no la tienen los adultos, y es que se creen que lo saben todo y que pueden, por tanto, dar respuesta a todas las preguntas. En definitiva, unos preguntan mucho y otros hablan mucho. Con el tiempo, gracias a nuestras inquisidoras sesiones vespertinas, mi hijo iba descubriendo el mundo a partir de lo que yo le contaba y de lo que veíamos en Netflix. 

Así, un día estábamos en el salón viendo nuestra serie favorita ( " La Peste") cuando me pregunto:

- Padre ¿ por qué no podemos salir a la calle ? ¿Estamos apestados?

- Hijo , estamos apestados, si. Yo vivía en un mundo lleno de animales , de mariposas ¿sabes lo que son? Un mundo maravilloso , donde la gente se sonreía , se paseaba por la calle, trabajaba ¿sabes lo que es ? Íbamos de compras , de cervezas , nos emparejábamos - suspiré- Usábamos el pito para algo más que mear- reí y casi rompo a llorar al mismo tiempo. 

- Pero el ser humano es por naturaleza desmedido - proseguí- Nos pasamos de la raya, contaminamos el mundo en que vivimos hasta el punto de que no podíamos salir a pasear, se nos pudrió la comida, no pudimos beber más agua y al final hasta nuestras relaciones se volvieron venenosas y tuvimos que suprimirlas. El ser humano se volvió en contra del propio ser humano. 

- Padre ¿ de dónde vienen los niños ? 

- Hijo mío. Los niños los hacíamos. Los hacíamos entre dos. Era algo maravilloso. En mi caso milagroso. Todos mis hijos fueron milagrosos. Pero ahora , tú, eres diferente. A ti, te envió tu madre. 

-  ¿Qué ? ¿ Tengo madre? ¿ Dónde está? 

 - Tuviste madre, hijo. Pero por ley no puedes vivir con ella . Recuerda lo que te he dicho antes, no podemos vivir juntos . Somos venenosos el uno para el otro. De manera que al nacer separan a los hijos de las madres y se los entregan a los padres. Parece ser que el macho se desprende más fácil de la cría que la hembra. Las autoridades decidieron hace mucho tiempo que fuese el macho el que se encargase de la crianza, pero llegará un momento en que yo también tenga que marcharme . Te dejaré solo y tu serás el dueño de tu destino. Pero, hijo mio, - dije mirándole a los ojos- es muy importante que sepas que el mundo que hay ahí fuera es venenoso. El aire es tóxico , el agua nos mata por dentro y , sobre todo, nunca, nunca, tengas contacto con nadie . Tienes todo lo que necesitas aquí. No hay nada mejor que estas cuatro paredes y no hay mayor protección para ti que esa puerta- dije señalando la puerta blindada de la entrada.

Pasaron horas, días o años hasta que volvieron a tocar al timbre. Antes de descolgar el telefonillo ya sabía que no era Deliveroo. Venían a por mí. Me puse mis mejores galas. Me despedí de mi hijo entre lágrimas y me marché. Yo había cumplido. Él estaba criado, tenía un hogar digno. Encontraría un trabajo y cumpliría, llegado el momento, con su destino y criaría a otra criatura más. Total , para eso estábamos aquí: nacer, reproducirnos y morir. En mi caso, estaba encarando la última etapa de mi vida. Pero lo hacía contento. Por fin salía de casa. Se había acabado mi confinamiento. La muerte no era más que otra etapa. La más liberadora.

Al bajar las escaleras vi a dos agentes junto a la puerta del edificio y un autobús parado justo frente a la entrada. Al pasar bajo el quicio miré hacia arriba , miré al cielo. Estaba azul, el sol radiaba, habían pasado años desde que lo vi por ultima vez. Hacía calor . Las ventanas de los edificios estaban todas tapiadas. Respiré profundo. No había pisado la calle desde hacía años. Pude apreciar que la hierba crecía entre los adoquines de la acera. Incluso pude ver alguna que otra flor. Flores. Todo esto empezó en Primavera. Tanto tiempo atrás. 

Entré en el autobús. Estaba repleto. Gente como yo. Barbados todos, alcohólicos. Me acordé del momento en que prometí no beber, comer sano , hacer ejercicio. Había sido hacía tanto tiempo. Incumplí mis palabras tan pronto salieron de mi boca , me traicione a mi mismo. Sonreí aquí y allá y obtuve poca o ninguna respuesta. Me senté a la par que el autobús emprendía su marcha hacía el cementerio. 

El trayecto me emociono. La música sonaba, la ventanilla estaba bajada y tenía una extraña sensación de libertad que no había sentido en años. Era un día maravilloso. había pájaros por doquier. La vegetación le había ganado la partida al mundo urbano y crecían árboles por todos lados. Algunas de las plazas y calles más céntricas se habían convertido en bosques donde, a excepción de los edificios, apenas quedaban restos de civilización El aire era puro. Tan puro que mis pulmones, acostumbrados al aire reciclado de casa apenas podían procesarlo. Emprendimos el ascenso al cementerio. Lo que no había cambiado era la inclinación de la carretera. Desde allí arriba se podía apreciar toda la Vega a sus pies. Nunca la había visto así. Era una selva. Era pura naturaleza . No pude contener las lágrimas. La belleza que me rodeaba era absoluta. 

Mi vida, mi existencia estaba cobrando sentido. Ahora que llegábamos a la parte más alta de la colina empezaba a entenderlo todo. No se si el virus fue creado en un laboratorio, producto de la más sofisticada ingeniería molecular o no. Pero lo que si que tengo claro es que era necesario. Posiblemente resultado de un mecanismo de defensa de la misma Tierra para librarse de lo más negativo de la presencia del ser humano sobre la faz de la misma. 

Mientras veo acercarse los muros que rodean el cementerio hay un pensamiento que me abruma. Que se me hace insoportable. La respiración se me agita. Estamos ahí y esta idea me tormenta y retumba en mi cabeza. Nunca le conté a mi hijo lo maravilloso que podía ser este planeta. Nunca le hablé de sus virtudes y el día que abra la puerta pensará que el aire es venenoso, que el agua no se puede beber y que los animales son bestias. Tengo ganas de gritar , me agito pero ya estamos aquí. Es demasiado tarde para mí, espero que no sea demasiado tarde para él.


1 de diciembre de 2025

9:15 - Me levanté. Parece que va a ser un día soleado. Suerte para los hijos de puta del turno de paseo de hoy. Para cuando me toque la semana que viene anuncian lluvia…así que otro turno más a joderse.

9:30 - Me hice un café y una tostada de aceite mientras veía las noticias. En China han aumentado la política de hijos obligatorios por pareja de 3 a 4. El IBEX 15 ha subido un 0,02%. No está mal. Trump se presenta a su tercer mandato para el año que viene.

10:00 - Recibí los suministros mensuales del gobierno. La verdad estoy un poco harto de los mismos 7 menús cada semana. En mi próximo turno de salida intentaré conseguir un poco de jamón en el mercado negro.

10:15 - Comienzo de jornada laboral. Hoy recibimos a 2 compañeros de trabajo nuevos. Parecen buena gente, aunque uno de ellos tenía muchos problemas con su línea de internet y el otro tenía de fondo la cocina. Creo que no es muy profesional, aunque el pobre seguro que tiene que vivir en un apartamento pequeño. También se oía de fondo la video-escuela de sus hijos. Creo que un micro con cancelación de ruido no es tan caro. Iremos viendo.

11:00 - Llamada con mi jefe. Me ha dicho que van a “echar a la calle” a Jacinto porque siempre tarda 3 o 4 horas en responder a los mensajes de chat. Ojalá “me echasen a mí a la calle”.

11:15 - Entrevista de trabajo con un candidato. Dice que su mayor motivación es trabajar de forma cercana al equipo. Pienso que sería un buen sustituto para Jacinto. Este por lo menos aprovecharía nuestra herramienta de comunicación, que para algo la empresa ha pagado 1 millón por la funcionalidad de llamada por holograma.

12:15 - Caliento el menú de los lunes: arroz con salchichas. El menú semanal del año pasado me gustó más. Creo que el gobierno ha recortado en general la cantidad de azúcar.

13:00 - Sesión de Virtual Coffee con los compañeros de equipo. No me parece en general mala idea, pero tampoco pienso que debería ser obligatoria. Vale que hay que socializar es una necesidad humana básica, pero cuando uno quiera, ¿no?

13:30 - Reunión de Employer Branding con el jefe. Estudiamos la posibilidad de implantar el beneficio de empresa de una reunión personal a la semana con una persona aleatoria del grupo de trabajo. Los trajes de aislamiento de nivel 3 son demasiado caros. Si queremos que salga adelante la iniciativa tendrán que ser de nivel 2.

15:00 – Presentación global de los resultados anuales a cargo del CEO. La buena noticia es que este año conseguimos alcanzar niveles de productividad similares a febrero de 2020 gracias a las políticas de conectividad remota 5.0.

17:00 – Sesión diaria de deporte en el canal del gobierno con mi nuevo micro-gimnasio. El cabrón de Jeff Bezos tiene el monopolio del comercio online desde que explotó el mercado con su micro-gimnasio plegable. Dicen las malas lenguas que el año que viene se presenta a presidente de la Comisión Global Por El Futuro De La Humanidad. Y el hijoputa sigue calvo. Joder, pá algo en lo que hemos avanzado…

18:00 - Ducha. Hoy me pasé un poco de los 2 minutos reglamentarios. Ahí tengo los 20 créditos de reserva si me viene la multa.

18:15 – Mi mujer me leyó un poco del libro “Hipnosis para viajar a Perú”. Me está gustando, parece que estás allí de verdad. Con voz humana real es más auténtico. Vamos ya por la segunda semana de viaje. Para el próximo viaje tenemos que comprar también uno de esos aparatos que transmiten los olores al mismo tiempo.

19:30 – Concierto en directo de Metallica. Los pases especiales con cámaras VIP hacen que los 80€ merezcan la pena.

21:30 – Cena con la familia. Creo que mis padres deberían comprarse ya una cámara nueva. Me lo apunto para su próximo regalo de aniversario. Nota: tengo que decirle a mi hermana la próxima vez que venda ya el coche. Oí de una promoción que da 100 créditos por los materiales.

22:30 – Un poco de tele. Dicen de pasada que los científicos piensan que tendrán la vacuna para el año que viene. Lo mismo dijeron el anterior, y el anterior, etc. ¿hay alguien que todavía se lo crea?

23:00 – Aquí estoy en la cama escribiendo. Reflexiono si merezco ser uno de los dos millones de supervivientes.

Gabri


lunes, 23 de marzo de 2020

Bajar a por un cartón de leche

Voy a contar la "TaleOfQuarantine" que me acaba de pasar. Por mantener vivo el blog y porque puede resultar interesante en algún psicótico sentido.

Necesitaba leche de soja y arena para gatos. La arena para gatos era urgente. Así que he bajado al Carrefour de Gran Vía, el pequeñito. Estando ya ahí me ha dado vergüenza coger sólo dos cosas y que pensaran que era una cuentista. Así que me he puesto a vagabundear por la tienda mirándolo todo, buscando qué más comprar para cubrir mi coartada.

Poco a poco me he ido cargando de cosas tales como: unas tortitas de arroz con chocolate, una lata de mejillones, un ramen de ese instantaneo guarrufo, una bolsa de almendras...  Productos todos de "primera necesidad", claro, con lo que ya he empezado a generar desconfianza en los dos dependientes y dos señoras que estaban ahí. - Huelga decir que las señoras venían cada una por separao, como manda el reglamento.-

Yo ya empezaba a notar que me miraban de reojillo, juzgando mi abuso del tiempo en un espacio público (esto todo mi interpretación de la realidad, por supuesto). Así que para no levantar más sospechas he decidido coger la arena e irme. Fuck. No había arena.

¿Qué hago? ¿Pago esto aquí y me voy al Carrefour de Trinidad? Pero si voy al otro con compra de éste metida en la bolsa, quizá se piensen que les estoy robando...

Nota: Sólo en Mercadona y en Carrefour tienen leche de soja sin fructosa. El Mercadona es mala idea en los tiempos que corren, así que la única opción era ir a otro Carrefour. 

Mejor dejar aquí las cosas y comprarlo todo directamente en el otro....

Bueno, bueno, bueno. En qué hora. Yo, que llevo 10 minutos paseándome por la tienda incomodando al resto con mi innecesaria presencia, encima tengo la desfachatez de volver a dejar en su estanteria los productos que había cogido y llevado un buen rato en mis manos. Sin guantes.

Mientras andaba por la tienda recolocando en su sitio cada cosa, juro que me he sentido Cersey Lannister en su Walk of Shame. Aunque la vergüenza me impedía levantar la vista y verles las caras, notaba varias miradas de reprobación y juicio sobre mí, "qué cojones haces volviendo a dejar las cosas que ya has tocado, sucia, nos vas a infectar a todos". Qué "chao" más seco e hiriente me ha dedicado la dependienta cuando he salido. Me han entrado hasta ganas de llorar.

Todo esto, repito, es mi historia, cómo YO he vivido esta situación. Mi interpretación es consecuencia de MIS juicios, y me estoy volviendo muy susceptible creo. Quizá por el aislamiento.

Y sí, en el fondo sé que no debería haber salido de casa por un cartón de leche. Pero la arena de gatos era urgente. En serio.

sábado, 21 de marzo de 2020

El Enemigo

Me acuerdo de cuando empece a dormir en esta habitación. Los días que no trabajaba, solía oír a un palomo que había anidado  justo debajo de la ventana del cuarto de baño. Para mí el gorjeo del palomo se había convertido en indicativo de que tenía el día para mí. De que era mi día libre.

Me encantaba escucharlo. De hecho , hubo un par de veces que, a pesar de no tener que trabajar y de pasar la mañana en la cama , no lo escuché y la sensación de desasosiego que me inundó fue tal que deje comida en el alfeizar de la ventana para ver si así volvía de alguna manera .

Me parece que fue el mismo palomo el que volvió . Y si no fue el mismo, fue uno cuyo arrullo surtía el mismo efecto sobre mí. Los despertares de un miércoles , arrullo de pájaro , los estudiantes en la calle . El saber que no tenía nada que hacer . Café, tostada. A la tarde al fútbol o al cine, arrullo de paloma, otro día libre. La vida perfecta .

Me he dado cuenta de que la cuarentena esta llena de días libres. El arrullo de la paloma ha perdido su sentido liberador . Para mi compañero es todavía peor . A él nunca le gustó y ahora tiene el tiempo necesario para ponerle fin. El caso es que parece que el odio creciente hacia la paloma no hace más que alimentarla. Cada día que pasa esta más gorda , cada mañana canta más alto y gutural. No sólo eso sino que el otro día me pareció que su vuelo oscurecía mi cuarto al pasar . Como si se tratase de un dragón volando hacia nuestra aldea para abrasarla.

Me desperté hace un par de días sacudido por las vibraciones del gorjeo. Los cristales de la ventana reverberaban como la puerta del Peugeot del Fran después de ponerle su equipo de sonido nuevo.
Lo peor fue lo que vino a continuación . Los gritos de mi compañero :

- ¡¡La voy a matar !! Juro por Dios que la mato. No aguanto más.- estaba enajenado.

Me hacía gracia ver como se alteraba. Mientras yo perdía el tiempo en mi habitación, lo oía maquinando algo en la terraza. Al asomarme lo vi satisfecho admirando su obra entre sus manos . Había ideado un arma , el arma definitiva : una pata de cama con clavos en un extremo. Eso, unido a todos los palos de fregona de casa, formaba una lanza de más de cuatro metros de largo, como los dorus que llevaban los Hoplitas de la antigua Grecia .

- Esta noche acabo con ella.

Me fui a dormir tranquilamente. No escuché ni quejas ni arrullo a la mañana. Mi sorpresa fue que al salir de mi cuarto me percaté de que mi compañero no estaba , ni la lanza . Estaba solo en casa. Su ventana estaba abierta. Y allí pude ver a través de ella, junto a su nido, a la paloma burlona mirándome. Tenía el tamaño de un toro. Había un brillo inteligente en sus ojos e incluso quise entrever cierta sonrisa en su pico. Algo pareció moverse en su interior. Dirigí mi mirada a su panza y distinguí una silueta humana. Una pierna, un brazo moviéndose, presionando desde dentro, intentando escapar. La paloma gorjeó por última vez y echó a volar. Supe que no la volvería a ver. Se había comido a mi compañero de piso y, creo que, hasta la lanza de cuatro metros. Me quedé patidifuso. Ahora vivo solo. No tengo paloma que cante bajo mi ventana ni con quien hablar durante estos días.

Me queda este diario y una certeza : el odio solo sirve para hacer más fuertes a nuestros contrarios.

Llueve ahí fuera

 La luz es gris desde hace tres días. No hay sol. No se deja ver. Tengo la sensación de estar atrapado en una prisión de la que no puedo sal...