Hace mucho tiempo , en un país lejano , comenzó un virus a comerse los rostros de la gente . Nadie sabía cúal era la causa, de dónde venía el virus , ni cúal era la cura . Al poco tiempo el virus mutó y se comió también las manos de la gente . Ante la vergüenza de verse mutilados , los habitantes de aquel lejano país empezaron a confinarse en casa. Temían salir a la calle. Ansiaban que llegase la tan esperada cura que les devolviese manos y caras y mientras tanto escribieron este diario.
sábado, 4 de abril de 2020
Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)
"Un hilo de sangre salió por debajo de la puerta, atravesó la sala, salió a la calle, siguió en un curso directo por los andenes desparejos, descendió escalinatas y subió pretiles, pasó de largo por la Calle de los Turcos, dobló una esquina a la derecha y otra a la izquierda, volteó en ángulo recto frente a la casa de los Buendía, pasó por debajo de la puerta cerrada, atravesó la sala de visitas pegado a las paredes para no manchar los tapices, siguió por la otra sala, eludió en una curva amplia la mesa del comedor, avanzó por el corredor de las begonias y pasó sin ser visto por debajo de la silla de Amaranta que daba una lección de aritmética a Aureliano José, y se metió por el granero y apareció en la cocina donde Úrsula se disponía a partir treinta y seis huevos para el pan. —¡Ave María Purísima! —gritó Úrsula."
lunes, 30 de marzo de 2020
Abro los ojos
Abro
los ojos. La escasa luz que entra por la ventana me sugiere una hora
aproximada. ¿Son las 7? ¿A qué hora amanece en Marzo? El móvil está
lejos y no me apetece levantarme para comprobarlo. ¿Son las siete de la
mañana o de la tarde? ¿Está amaneciendo? ¿Está atardeciendo? ¿A qué hora
atardece en Marzo? ¿Me estoy levantando de la siesta...? ¿Me tumbé para
la siesta después de comer? Pero, ¿a qué hora amanece entonces, a qué
hora atardece? ¿Han cambiado ya la hora? Si a las 2 son las 3, ahora...¿Son las 8? ¿Importa?
Consigo
levantarme de la cama. Voy dando tumbos hasta el móvil y lo enciendo.
Tarda una eternidad en encenderse. ¿Por qué lo apagué? ¿Y si llama
alguien? ¿Y si se ha muerto alguien, y si han ingresado a alguien, y si
han detenido a alguien, y si ha pasado algo? Se enciende por fin. Las
ocho y media de la mañana. 08.32, para ser exactos. Y no las 20.32.
Amanece entonces. Que no es poco.
Casi al momento, cincuenta notificaciones me explotan en la pantalla. WhatsApp, Facebook, Instagram, Público, El País, el Mundo Today, Snatchap, CandyCrush, Tinder, Spotify, Googlemaps.
En WhatsApp, mis colegas han creado un buen número de grupos nuevos, y
me han añadido a otros tantos: ‘Aliados contra el Coronavirus’, ‘La
resistencia enmascarada’, ‘La resistencia’ (a secas), ‘Aires de cambio
espiritual’, ‘Luna en virgo; nuevos astros marcando el camino’, ¿Qué
hacer cuando estamos esperando?’, ‘Manualidades para peques’,
‘Aprovechando la cuarentena’, ‘Fiesterxs
sin tregua en cuarentena’, ‘Vitamina C y otros remedios para el
Coronavirus’, ‘JUNTOS, ADELANTE, VENCEREMOS AL MUTANTE’. 43 memes
nuevos. Gente sacando la basura vestida con bolsas de basura,
ocurrencias chistosas de los graciosillos de la última fila del cole,
audios de gente indignada porque los vecinos o los policías les han
puesto mala cara y han tenido que irse corriendo a descargar su llanto
en las teclas, imágenes improbables de animales salvajes correteando por
la gran Manzana, recogidas de firmas, llamamientos mundiales a la
meditación colectiva para erradicar al virus.
Facebook me recomienda amistad con gente algorítmicamente viable pero cuarenténicamente imposible. Instagram, tips de cortes de pelo, laca de uñas, ejercicios para reforzar el suelo pélvico y los últimos posts de artistillas que han decidido regalarle todo su tiempo y todo su ego al virus.
Público
me despierta de golpe con cifras; 85.000 casos confirmados en España,
101.000 en Italia, 11.000 muertos en Italia, 7.000 en España, 3.300 en
China, 2.200 en Trump Paradise... Espera, ¿Son más que ayer? ¿Son menos?
Los que están en sus casas con síntomas pero no se han realizado el test no cuentan para la estadística... ¿Entonces?.
Ventanas emergentes y pop ups por todos lados: Ejercicios para realizar
desde casa, El teletrabajo y sus beneficios a largo plazo, Hombre toma
foto a su esposa en su noche de bodas, lo que descubrirá a continuación
te dejará sin palabras.
El
País continúa con su bailoteo de cifras y sus disputas virtuales entre
partidos. Noticias nuevas, noticias de siempre, Muchos más muertos en
China que lo que se dio a conocer, Nuevo lote de tests
llega a Madrid, la provincia más castigada, Una plaga de langostas en
Marruecos amenaza con llegar a España, Preocupación en el norte de
Italia por una posible revuelta popular, El asteroide 52768 (1998 OR2) pasará cerca de nuestro planeta el 29 de Abril, Los sanitarios del Gregorio Marañón se quejan de la falta de EPIs.
Mareada,
dejo el móvil en la mesa y me dirijo a la cocina. Desayuno mientras los
pensamientos me taladran la cabeza. En la radio, un locutor joven,
probablemente empastillado,
y a estas horas, madre mía, relata con jovialidad y una energía que
roza la náusea las buenas noticias que, según él, estamos olvidando por
culpa de la pandemia. El agujero de la capa de ozono ha disminuido, ALL
RIGHT, las altas por el virus son mucho más numerosas que los decesos,
ALL RIGHT, la solidaridad de la población hace posible que nuestra
situación no sea mucho más grave, ALL RIGHT, numerosos músicos ofrecen
conciertos online totalmente gratis para sus fans, ALL RIGHT, Amancio
Ortega y otros importantes empresarios han donado...
El
café se me ha quedado frio y, de todas formas, no me gusta la leche de
hinojo que encontré en el último estante del Día. Mientras friego la
taza, con esa lucidez que me asalta siempre a esas horas de la mañana,
se me ocurren varias medidas efectivas de contención de la población
que, pienso, el gobierno debería poner en práctica. A la vez, me vuelven
a la cabeza las conspiranoias
de siempre: virus de laboratorio, prácticas militares estadounidenses
en Europa, control mental, confinamiento interesado, confinamiento
necesario, control de la población, control de natalidad, Los pangolines
son el paciente cero, ¿Estás infectado? Primeros síntomas, ¿cómo
detectarlos?
Después, pensamientos más elaborados y creativos. Es un tirus, vale. ¿Un tirus? Un virus, coño. El café no me ha hecho efecto. Hablemos de las langostas. Las de África, no las de Galicia. Las langostas...¿Pueden
contraer el virus? De ser así, ¿morirían todas de neumonía, acabándose
así con la plaga que amenaza nuestra Patria? Y si no pueden contraerlo...¿Pueden
eliminarlo? ¿Las langostas pueden merendarse al virus? Son bichos
pequeños (bueno...en realidad no tan pequeños, hace 20 años pasó algo
parecido; era más bien hermosotas, y a mí me fascinaba verlas comer con deleite toda hoja o árbol que se pusiera en su camino)
Si
ni pueden contraer el virus ni pueden eliminarlo ellas solas, nos
quedan otros frentes. Anoche, antes de quedarme dormida, leí en una de
estas páginas de fenómenos naturales lo siguiente: ‘El volcán Merapi,
situado en la isla de Java, ha registrado una fuerte explosión
volcánica. Las partículas de ceniza se han elevado a 2 kilómetros’.
También, Un terremoto de magnitud 7,7 sacude el Mar Caribe. El sismo fue seguido de una alerta de tsunami para Belice, Honduras, México, Jamaica, Cuba y la Isla Caimán. También en Chile. (Mi amigo chileno se rió
cuando le pregunté por el reciente terremoto de su país: ‘Anda, mi
negra, si acá hay terremotos todo el tiempo, ustedes allá en España sí
que están fregaos’.)
Vale.
Entonces tenemos: El Corona, las langostas, el asteroide, el volcán de
Java, el terremoto del Mar Caribe y el posible Tsunami de varios países
cercanos a él. Pensemos.
El
volcán de Java podría acabar con el virus; es bien sabido que el bicho
muere a altas temperaturas. También habría bajas humanas, esperemos, de
personas infectadas, porque, si no, no tendría sentido. ¿Qué hacemos con
el resto de Indonesia? El país está confinado, leo en Google. Perfecto.
Ni el virus ni la lava, por protocolo, pueden entrar.
El
terremoto podría acabar con las langostas, pero resulta que estas se
encuentran en otro continente. ¿Podría el terremoto acabar con el virus?
¿Le divertiría a Covid
el sube-baja terrestre, sacudida tras sacudida, o lo destruiría?
Pongamos que lo destruye. Ya sólo nos queda qué hacer con el posible
Tsunami. Con las langostas tampoco hay nada que hacer, a no ser que,
movidas por un ansia irrefrenable de conquistar nuevos territorios, decidieran atravesar el Atlántico. No tengo claro que Covid sepa nadar. A mis sobrinas les he leído varios cuentos sobre el tema: ‘¡Covid va al parque!’, ‘¡Covid va a patinar!’, ‘¡Covid va de excursión!’ ‘¡Covid va de visita a una residencia de ancianos!’, pero nunca les llegué a leer el de ‘¡Covid va a la piscina municipal!’ (se habían agotado), por lo que no sé si el pequeño Covid conseguía nadar al final o, por contra, se hundía y moría en el fondo de la piscina.
Vale.
Pongamos que no sabe nadar. Problema resuelto en esa parte del planeta.
Porque, si sabe nadar, un tsunami contagiado de coronavirus es más de
lo que mi corto cerebro es capaz de procesar a estas horas. Así que no, no sabe nadar.
Pero,
¿qué pasa con el resto del mundo? ¿Qué pasa con Belice, Luxemburgo,
Andorra la Bella, España, Sri Lanka, Irlanda? ¡Rusia! ¿Qué pasa con
Rusia?
Ah,
un momento. 52768 (1998 OR2), claro. El pequeño asteroide. Él es la
solución final. Impactando contra la Tierra, el resto de plagas
apocalípticas se irán a la mierda. Nosotros también, pero bueno, aquí
hemos venido a jugar. Lástima de nuestra nueva y reluciente capa de
ozono.
Los locos
Tú me dijiste hace poco eso de ¨¿Te imaginas como se sentirán los locos?¨ Es decir, si no distingues la realidad de lo que es mera creación de tu imaginación, esta situación que estamos viviendo hoy en día, puede llegar a ser cuanto menos confusa. Te puede incluso llevar a reconsiderar la medicación que estás tomando.
Evidentemente, tú no has sido la primera persona en hacerse esa pregunta. No ya "esa" pregunta en concreto, sino la pregunta que está detrás de esa que formulaste, ¿es mi realidad real? Y que nos llevaría a otra ¿estoy loco? ¿Estamos todos locos? Es una cuestión que azota las mentes de filósofos, escritores y teólogos desde que el mundo es mundo. Y ahora me ha tocado a mí.
No voy a meterme en cuestiones filosóficas. Simplemente quería plasmar como la realidad se vuelve confusa y se diluye más allá de las paredes de mi casa. Estos días soy solo consciente de la "realidad" de mis cuatro paredes, de mi propia realidad.
El ruido que llega de fuera es cada día más inverosímil. Una enfermedad que azota el mundo entero. Tiene a las gentes encerradas en sus casas, pendientes de la radio, de la televisión, de las pantallas de sus móviles y ordenadores. Medios que no paran de emitir lo que cada vez más se parece más a una ficción propia de la Guerra de los Mundos.
Recuerdo que justo antes de que todo esto empezara hablaban estos mismos medios de una plaga de langostas que estaba desolando las cosechas del Este africano. Las últimas noticias que tuvimos de ellas hablaban de su aproximación a las Islas Canarias.
También escuché vagamente hablar de un meteorito catalogado por la NASA como altamente peligroso que se cruzaría con La Tierra a finales de Abril. Ya no se habla de dicho meteorito tampoco.
Incluso había cierta preocupación a nivel internacional con la creciente actividad bélica y el fuego cruzado que mantenían las tropas rusas y las turcas en el Norte de Siria. Desde que estallo la crisis sanitaria, ligada a la explosión de la COVID-19, creo que Siria ha dejado de existir para mí.
Que curioso , yo , en mi realidad absoluta, quiero ver ahí a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Esa era la realidad de antes. Ahora parece que el mundo se arruga sobre si mismo. Es como si los polos se quisiesen tocar, acercándose el uno al otro, acercándose al núcleo de nuestro planeta, derritiéndose en el proceso... Un mundo que se ha vuelto del revés, donde nada es lo que parece.
La civilización se viene abajo, clanes de gitanos se pelean por controlar un mercado de droga que nunca volverá a abrirse, políticos y financieros alemanes empiezan a saltar de sus altos rascacielos para asegurarse una muerte noble, digna y con las cuentas de sus bancos aún bien cargadas de dígitos; los líderes políticos mundiales vagan sin rumbo, se confinan, niegan la realidad o enferman como el resto de los mortales. Hay incluso alguno que ha decidido encerrarse en un hotel de lujo de un país distinto al suyo con sus cuatro mujeres y sus veinte concubinas.. ¡que el fin del mundo le pille bailando! Otro, ha empezado a vender el agua de la fuente de su pueblo como milagrosa y la gente le paga con toneladas de papel higiénico.
Y los ricos se mueren de una simple gripe. Lo que me ha traído a la cabeza un poema de Jorge Manrique que leí hace tiempo.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.
Como digo, la realidad no me parece ya real. ¿Será que me estoy volviendo loco ?
Evidentemente, tú no has sido la primera persona en hacerse esa pregunta. No ya "esa" pregunta en concreto, sino la pregunta que está detrás de esa que formulaste, ¿es mi realidad real? Y que nos llevaría a otra ¿estoy loco? ¿Estamos todos locos? Es una cuestión que azota las mentes de filósofos, escritores y teólogos desde que el mundo es mundo. Y ahora me ha tocado a mí.
No voy a meterme en cuestiones filosóficas. Simplemente quería plasmar como la realidad se vuelve confusa y se diluye más allá de las paredes de mi casa. Estos días soy solo consciente de la "realidad" de mis cuatro paredes, de mi propia realidad.
El ruido que llega de fuera es cada día más inverosímil. Una enfermedad que azota el mundo entero. Tiene a las gentes encerradas en sus casas, pendientes de la radio, de la televisión, de las pantallas de sus móviles y ordenadores. Medios que no paran de emitir lo que cada vez más se parece más a una ficción propia de la Guerra de los Mundos.
Recuerdo que justo antes de que todo esto empezara hablaban estos mismos medios de una plaga de langostas que estaba desolando las cosechas del Este africano. Las últimas noticias que tuvimos de ellas hablaban de su aproximación a las Islas Canarias.
También escuché vagamente hablar de un meteorito catalogado por la NASA como altamente peligroso que se cruzaría con La Tierra a finales de Abril. Ya no se habla de dicho meteorito tampoco.
Incluso había cierta preocupación a nivel internacional con la creciente actividad bélica y el fuego cruzado que mantenían las tropas rusas y las turcas en el Norte de Siria. Desde que estallo la crisis sanitaria, ligada a la explosión de la COVID-19, creo que Siria ha dejado de existir para mí.
Que curioso , yo , en mi realidad absoluta, quiero ver ahí a los Cuatro Jinetes del Apocalipsis.
Esa era la realidad de antes. Ahora parece que el mundo se arruga sobre si mismo. Es como si los polos se quisiesen tocar, acercándose el uno al otro, acercándose al núcleo de nuestro planeta, derritiéndose en el proceso... Un mundo que se ha vuelto del revés, donde nada es lo que parece.
La civilización se viene abajo, clanes de gitanos se pelean por controlar un mercado de droga que nunca volverá a abrirse, políticos y financieros alemanes empiezan a saltar de sus altos rascacielos para asegurarse una muerte noble, digna y con las cuentas de sus bancos aún bien cargadas de dígitos; los líderes políticos mundiales vagan sin rumbo, se confinan, niegan la realidad o enferman como el resto de los mortales. Hay incluso alguno que ha decidido encerrarse en un hotel de lujo de un país distinto al suyo con sus cuatro mujeres y sus veinte concubinas.. ¡que el fin del mundo le pille bailando! Otro, ha empezado a vender el agua de la fuente de su pueblo como milagrosa y la gente le paga con toneladas de papel higiénico.
Y los ricos se mueren de una simple gripe. Lo que me ha traído a la cabeza un poema de Jorge Manrique que leí hace tiempo.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.
Como digo, la realidad no me parece ya real. ¿Será que me estoy volviendo loco ?
Momo (Michael Ende)
Un día Beppo, el barrendero, le dijo:
"Mira, Momo, la cosa es así: A veces, cuando tienes una calle muy larga por delante, piensas lo terriblemente larga que es y te sientes seguro de que nunca la barrerás. Y luego empiezas a darte prisa. Trabajas cada vez más rápido y cada vez que levantas la mirada parece que te queda la misma cantidad de calle por barrer como antes, y te esfuerzas aún más, y te asustas, y al final te quedas sin aliento y tienes que parar. Y aun así la calle se extiende frente a ti. Esa no es la forma de hacerlo.
Nunca debes pensar en toda la calle a la vez, ¿entiendes? Sólo debes concentrarte en el siguiente paso, el siguiente aliento, el siguiente golpe de la escoba, y el siguiente y el siguiente. Nada más.
De esa manera, disfrutas de tu trabajo, lo cual es importante, porque entonces haces un buen trabajo. Y así es como debe ser.
Y de repente, antes de que te des cuenta, descubres que barriste toda la calle, poco a poco. Además, no estás sin aliento. Eso también es importante."
viernes, 27 de marzo de 2020
El Zahir (Paulo Coelho)
"Escuché a otras personas hablar en nombre de la libertad, y cuanto más defendían este derecho único, más esclavizados parecían estar: Por los deseos de sus padres, por un matrimonio en el que habían prometido quedarse con la otra persona "por el resto de sus vidas", por las básculas de baño, por su dieta, por proyectos a medio terminar, por amantes a los que no pudieron decir "no" o "se acabó", por los fines de semana cuando se vieron obligados a almorzar con personas que ni siquiera les gustaban. Esclavos del lujo, de la apariencia del lujo, de la apariencia de la apariencia del lujo.
Esclavos de una vida que no habían elegido, pero que habían decidido vivir porque alguien había logrado convencerlos de que era la mejor opción.
Y así pasaron sus días y noches idénticos, días y noches en que la aventura era sólo una palabra en un libro o una imagen de la televisión que siempre estaba encendida, y cada vez que se abría una puerta, decían "No estoy interesado. No estoy de humor."
¿Cómo podían saber si estaban de humor o no, si nunca lo habían probado? Pero no tenía sentido preguntar; la verdad era que tenían miedo de cualquier cambio que pudiera alterar el mundo al que se habían acostumbrado."
Esclavos de una vida que no habían elegido, pero que habían decidido vivir porque alguien había logrado convencerlos de que era la mejor opción.
Y así pasaron sus días y noches idénticos, días y noches en que la aventura era sólo una palabra en un libro o una imagen de la televisión que siempre estaba encendida, y cada vez que se abría una puerta, decían "No estoy interesado. No estoy de humor."
¿Cómo podían saber si estaban de humor o no, si nunca lo habían probado? Pero no tenía sentido preguntar; la verdad era que tenían miedo de cualquier cambio que pudiera alterar el mundo al que se habían acostumbrado."
II. No hay bestia tan feroz.
No sé si fue primero la histeria o la desolación, la cadena de eventos se mezcla en mi mente. La realidad es que nadie esperaba un escenario tan aterrador. La catástrofe, inesperada como el último paso antes de caer por un acantilado, es siempre una sorpresa.
Quizás el detonante fue el tsunami de información que colapsó las redes y nos dejó a oscuras. El cerebro se vio solo, desprotegido y la gente se sintió desnuda, indefensa. El miedo hizo que se incumplieran las ordenes, volvieron las reuniones donde vencían las teorías más paranoicas, puede que eso reavivase el brote, más agresivo, imparable... las muertes pasaron a ser incontables. El pánico llevo al vandalismo, el vandalismo a la violencia descontrolada.... Y fuimos abandonados.
Los peores enfrentamientos se habían producido en frente de los supermercados y distribuidoras de comida. Básicamente, allí donde había uno ahora se amontonaban los cuerpos y las ratas. Ni rastro del maldito Estado, ni del gobierno, ni del ejército. Alguien en algún punto eligió qué ciudades debían ser protegidas. Granada no estaba entre ellas.
Quizás el detonante fue el tsunami de información que colapsó las redes y nos dejó a oscuras. El cerebro se vio solo, desprotegido y la gente se sintió desnuda, indefensa. El miedo hizo que se incumplieran las ordenes, volvieron las reuniones donde vencían las teorías más paranoicas, puede que eso reavivase el brote, más agresivo, imparable... las muertes pasaron a ser incontables. El pánico llevo al vandalismo, el vandalismo a la violencia descontrolada.... Y fuimos abandonados.
Los peores enfrentamientos se habían producido en frente de los supermercados y distribuidoras de comida. Básicamente, allí donde había uno ahora se amontonaban los cuerpos y las ratas. Ni rastro del maldito Estado, ni del gobierno, ni del ejército. Alguien en algún punto eligió qué ciudades debían ser protegidas. Granada no estaba entre ellas.
Yo había tenido una buena relación con las farmacéuticas del barrio, pero hacía tiempo que sospechaba que no andaban por allí, como todos, escondidos o muertos. No fui el primero en intentar entrar, pero sí el primero en estrellar mi coche contra el cristal, sacrificar el coche, y lograr un alijo de fármacos importante. Mis compinches eran mis vecinos de la urbanización, un electricista, un culturista y un ex-coronel. El hecho de compartir el patio de nuestra urbanización nos obligó a colaborar. No eran grandes conversadores, pero si hombres de acción. Parecía que era lo que requería la situación. El militar tenía dos armas, lo cual nos dio una ventaja importante. Una, dos, tres farmacias..., nos lo llevamos todo. Pronto pinté una cruz roja con sangre en mi garaje. Los mastines en la puerta, el rifle en el tejado. El servicio de atención farmacéutica de la zona había cambiado de lugar, y de reglas...
Funcionábamos por intercambio, primero vinieron aquellos que tenían grandes reservas de comida y papel higiénico (siempre el puto papel); se comprobó que se soporta mejor el hambre que la ansiedad. Teníamos a la gente donde la queríamos, y tengo que reconocerlo, sangrábamos considerablemente su abstinencia. Yo la conocía bien, sé lo que vale. Empezamos siendo muy cabrones lo reconozco, pero luego cuando vimos la abundancia que llenaba nuestros garajes , nos volvimos unos heresiarcas medianamente generosos... qué coño a veces parecíamos la puta Cruz Roja. Empezamos a dar pastillas como caramelos. Como la mayor parte de las veces no teníamos ni zorra de que cojones querían, y no habíamos ordenado nuestra mercadería (básicamente todos los medicamentos estaban dentro de la gran piscina vacía), normalmente tirábamos a seguro, derivados de los opioides, ansiolíticos y relajantes... y luego recibíamos feedback: si no volvían es que o iban muy bien o muy mal, ese era el feedback. A eso le llamábamos misericordia. Los conceptos se redefinen con el tiempo.
A veces, sin embargo, si sospechábamos de algún pedigüeño avaricioso, acompañábamos al personaje a su casa cuando no había luz, armados, y en la mayor de las veces, nos encontrábamos con un wallapop lleno de ilusiones... a eso le llamábamos, devolución de la misericordia. Estábamos perdiendo la puta cabeza.
A veces, sin embargo, si sospechábamos de algún pedigüeño avaricioso, acompañábamos al personaje a su casa cuando no había luz, armados, y en la mayor de las veces, nos encontrábamos con un wallapop lleno de ilusiones... a eso le llamábamos, devolución de la misericordia. Estábamos perdiendo la puta cabeza.
Llegamos a la sabia conclusión de que bajo nuestro gobierno era constatable que la tranquilidad aumentó en todo el barrio, ya sea por deceso vírico, colocón crónico o sobredosis desinformada. Hice una gráfica de esas que le gustaban tanto a la gente, arriba ponía: Selección Natural. Y eso que la muerte estaba cerca de todos nosotros, en forma de virus o balazos, pero la gente se lo tomaba bastante mejor. Escuché que en cada área o barrio se iban consolidando grandes centros del vicio y el oprobio. Nosotros ya teníamos nuestro nicho.
Un día, recordé que hace bastante tiempo, a las 7 o a los 8, no recordaba bien, la gente salia a los balcones a aplaudir o algo así, pero no lo tenía muy claro, mi propia relación con lo que suministraba dejaba todo bastante borroso. El coronel mientras tanto, se estaba relajando en la abundancia, y básicamente se las pasaba emborrachándose y disparando a las pilas de latas de conservas.
En estas que un día, hice una incursión en una casa de uno que abusaba de nuestra generosidad farmacológica. Se parecía mucho al cantante de los Planetas, de hecho, creo que era él. En eso, le dije que, por las deudas contraídas con la Real Academia de Cabrones Suministradores de Felicidad, su casa quedaba embargada porque estaba muy chula, y quería quedarme con sus discos y sobre todo con su equipo de música. Era la puta hostia. Necesitaría muchos días para trasladar todo eso a nuestro centro de mando. No le hizo gracia mi idea. No acabamos bien. Bueno él no acabó bien, yo acabé con su equipo instalado en mi habitación-castillo.
Así que recordé eso que decía de las 8, en un momento me dio por sacar los buffles hacia fuera y pinchar el primer disco que cogí de la colección del ya ex-cantante de los Planetas. Me cago en la puta, que momentazo. Pinché el disco. Y empieza a sonar algo mágico, era patéticamente mágico, no pegaba nada en este ambiente post-apocalíptico, de hecho lo cortó como cuchillo en mantequilla con la calidez de una mantita de bebé. Como si de repente toda la sangre, fuesen restos de fresas, y los cadáveres bellos muñequitos de madera.
Y allí lo vi, en el descampado (antes campo de fútbol y ahora campo de tiro) de en frente, estaba Dios que había bajado para ver el pifostio planetario que se había montado y había hecho del descampado su dance-floor. Se estaba pegando un baile ridículo y gracioso de cojones.
Desde ese día, como teníamos tan drogada a toda la urbanización, incluidos nosotros, si a las 8 no ponía el disco la gente nos tiraba piedras, incluso un viejillo vino un día con un mosquete francés del XIX, pegando tiros y maldiciendo... quería su nueva droga sonora puntual, que sintetizaba bien con el cocktail que ya tenía en casa...
Dolly Parton - Island in the Stream. Vaya puta canción para el apocalípsis.
Dolly Parton - Island in the Stream. Vaya puta canción para el apocalípsis.
Y así a las 8, me hacía siempre la misma pregunta en la lengua de la jodida Dolly:
Do you know where is god? God is on the dance floor.
Y me reía solo, entre restos de fresa y muñequitos de madera.
Gato, ¿Que gato?
Para agasajar a sus invitados, Nasreddin le dio un trozo de carne a su mujer para que lo cocinara.
Cuando la comida llegó, faltaba la carne. Ella se la había comido.
- El gato se comió los dos kilos de carne - les dijo -.
Nasreddin puso al gato sobre la balanza. Pesaba dos kilos.
- Si este es el gato - dijo - ¿Donde está la carne?
Y si, por el contrario, ésta es la carne, ¿donde está el gato?
Cuando la comida llegó, faltaba la carne. Ella se la había comido.
- El gato se comió los dos kilos de carne - les dijo -.
Nasreddin puso al gato sobre la balanza. Pesaba dos kilos.
- Si este es el gato - dijo - ¿Donde está la carne?
Y si, por el contrario, ésta es la carne, ¿donde está el gato?
# Ventajas +1
Yo también estoy cagando muy bien, esperemos que la secta de los epidemiólogos no se metan con nuestras heces.
jueves, 26 de marzo de 2020
En una incógnita
Yo no entiendo cómo es que la pandemia sigue aumentando, habiendo tantísimos epidemiólogos en España y el mundo que saben bien lo que habría que haber hecho. En mi facebook hay lo menos 30 o 40.
Infectada289/k
Ventaja de la cuarentena # 1
Odio ser el que rompe los relatos bonitos, la poesía y la creatividad
con un tema un tanto repelente, pero alguien tiene que asumir el rol y estoy
dispuesto a asumir responsabilidades.
Llevo poco más de una semana cagando muy pero muy bien.
Número de veces, cantidad y consistencia. Todo OK. Creo que son las
consecuencias de comer bien, sin estrés, de manera regular, 3 veces al día y no
tener resacas constantes. Antes esto no era así. Hmm… quien lo diría.
...Día 13 (porque yo llevo 13).
¿Sobrevives?
Últimamente estamos utilizando muy a menudo la palabra "sobrevivir" porque nos parece gracioso o quizá más conveniente y acorde al momento actual. Y lo hacemos sin pensar en las graves implicaciones que conlleva...
Queridas, queridos:
No hemos nacido para sobrevivir, hemos nacido para vivir. Y ahora lo tenemos más fácil que nunca. Ahora no hay excusas.
Ahora no hay obligaciones ni nada que nos pueda distraer de experimentar cada momento, de maravillarnos de estar vivos, de poder sentir y poder ser consciencia presente.
Así que aprovechemos el momento para darnos el regalo de vivir nuestra existencia, ¡no tenemos nada mejor que hacer! Ni ahora ni nunca.
No nos conformemos con estar vivos, SEAMOS VIVOS.
Queridas, queridos:
No hemos nacido para sobrevivir, hemos nacido para vivir. Y ahora lo tenemos más fácil que nunca. Ahora no hay excusas.
Ahora no hay obligaciones ni nada que nos pueda distraer de experimentar cada momento, de maravillarnos de estar vivos, de poder sentir y poder ser consciencia presente.
Así que aprovechemos el momento para darnos el regalo de vivir nuestra existencia, ¡no tenemos nada mejor que hacer! Ni ahora ni nunca.
No nos conformemos con estar vivos, SEAMOS VIVOS.
Infectada289/k
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Llueve ahí fuera
La luz es gris desde hace tres días. No hay sol. No se deja ver. Tengo la sensación de estar atrapado en una prisión de la que no puedo sal...
-
La luz es gris desde hace tres días. No hay sol. No se deja ver. Tengo la sensación de estar atrapado en una prisión de la que no puedo sal...
-
La niña más guapa del mundo estaba cansada. El ajetreo veraniego, los posados en la playa, las entrevistas para las revistas de moda, los fl...

