lunes, 6 de julio de 2020

La Niña Más Guapa del Mundo y El Rey Hormiga

La niña más guapa del mundo estaba cansada. El ajetreo veraniego, los posados en la playa, las entrevistas para las revistas de moda, los flash en las televisiones, las apariciones en los platos de salsa rosa, la habían extenuado hasta límites insospechados.

Ya no tenía 20 años, acababa de cumplir 30 y empezaba a notar que cada vez le costaba más seguir ese vertiginoso tren de vida. Pero ella quería estar en la cima, quería seguir siendo la niñas más guapa del mundo, quería seguir arrasando en las redes, quería que sus posados fuesen los más comentados, quería ser la más cotizada por todos los jeques árabes del mundo y quería seguir siendo la invitada de lujo a todas las fiestas organizadas por los cabezas de los carteles más importantes del mundo. Ella quería seguir siendo la niña más guapa del mundo. Pero para seguir en la cima tenía que pagar un precio. Hacía tiempo que había vendido su cuerpo y su alma, hacía tiempo que se había puesto en contacto con los mejores cirujanos del mundo para que, a través de tratamientos con células madres, un par de cortes, un par de injertos prácticamente imperceptibles al ojo humano, mantuviesen sus carnes en perfecta armonía, desafiando a la gravedad más allá de lo natural para una persona que entraba en la treintena.

Y ahora, al borde de un colapso, en pleno verano, había decidido dar un paso más allá y aventurarse en el tenebroso mundo del oscurantismo. Había contactado con una bruja de las Alpujarras que le recomendó hacerse una limpieza espiritual en una casa de campo que ella tenía en el pueblo de Busquístar. Allí se fue la niña más guapa del mundo. La bruja le hizo beber un té purificador, le metío en una sauna donde sudó todas sus toxinas, le bañó en agua de un manantial de azufre, le hizo beber agua de la fuente agria de Pórtugos y le dio a comer una tortilla de ortigas. A media tarde le obligó a sentarse desnuda sobre el césped, debajo de una higuera. La bruja se quedó contemplando su cuerpo desnudo. Era realmente bella, realmente la más bella del mundo. Ante el cuerpo desnudo de la niña, sus ojos grises, su piel morena, su pelo ondulado, la bruja sintió un deseo irresistible de poseerla y entonces, todos esos menjunjes injeridos a lo largo del día, surtieron efecto.

La niña más guapa del mundo empezó a vomitar violentamente. La purga era tremenda y pronto se levantó para ir al baño. Tras pasar un buen rato ahí volvió, por indicación de la bruja, a su huequito bajo la higuera, donde pronto las convulsiones volvieron a hacerle vomitar. Se sacudió violentamente en el suelo, dio una vuelta , otra, le dolía todo y entonces la bruja le dio otro té: "Tomate esto cariño. Te hará bien. Te aliviará el dolor" . A pesar de todo lo sufrido por culpa de la bruja accedió a beberse aquel té y en cinco minutos roncaba sonoramente, tendida sobre la hierba, tumbada bajo la higuera. Fue entonces cuando las hormigas salieron de su hormiguero. Mientras, la bruja , en trance, ojos en blanco , brazos en alto, entonaba un canto mántrico que se dejaba oír abajo en el valle. La higuera se estremecía al viento, la luna jugaba con el sol del atardecer y las hormigas empezaron a cargar el cuerpo de la niña sobre sus hombros. La carga era enorme, monstruosa para las pobres hormigas, pero ellas eran millones. Un ejercito entero de hormigas empezó a mover el cuerpo de la niña más guapa del mundo de camino a un diminuto agujero bajo la higuera, adentrándose en las entrañas de la tierra.
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La niña más guapa del mundo estaba en una fiesta. Había sido invitada por un político murciano del partido más popular de España. El susodicho político estaba metido en mil y un negocios, entre ellos varios de dudosa legalidad y sus fiestas veraniegas eran conocidas por toda la alta sociedad de los paraísos fiscales, todos los traficantes de armas del este de Europa afincados en Marbella, Cartagena, y las Baleares así como los gitanicos de La Línea dedicados al tráfico. Había igualmente músicos de éxito internacional, futbolistas, toreros, gentes de esas que tienen una lista tal de apellidos que no cabe en un DNI convencional, varios nobles de España e incluso un rey emérito. Las invitadas que se dedicaban al faranduleo, la televisión, la moda, el origami y el instagram acudían a estas fiestas a sabiendas que era el mejor momento de encontrar a un buen padrino que les financiase su carrera. Muchas veces con chupársela a un gordo árabe en el cuarto de baño de un yate anclado frente a la casa, era suficiente para veinte años de fama y apariciones periódicas en todas las televisiones mundiales. La niña más guapa del mundo había pasado por el regazo de la mitad de los invitados y todos la tenían en la más alta estima. Ella, a estas alturas,  si se metía en el baño con alguien era por decisión propia y no por necesidad. Ya no iba a estas fiestas por trabajo sino por disfrute y allí, aquel verano, había ido a pasárselo bien.

Nada más entrar se había fijado en él. Él, era un joven trapero de apenas veinte años que estaba arrasando en todas las listas de los países hispanohablantes y que estaba preparando el salto al mundillo anglosajón nada más y nada menos que de la mano de Enrique Iglesias. En el mundo del faranduleo todo el mundo sabía que si querías cantar con Enrique Iglesias, antes tenías que pasarte por la piedra a su esposa Anna Kournikova, mientras el cantante internacional, miraba y te tiraba dardos en el culo. El problema del asunto es que le gustaba usar dardos con la punta de acero. La niña más guapa del mundo sintió, de repente una curiosidad enorme por saber cual sería el estado del culo y los testículos del trapero tras el encuentro con Enrique Iglesias y, sin dudarlo, se dispuso a preguntárselo. El trapero  vestía botines de baloncesto y medias altas, unas bermudas cortas que dejaban asomar los bolsillos por debajo del dobladillo y una camiseta de tirantes que dejaba a la vista sus huesudos brazos llenos de tatuajes. Tenía incontables tatuajes de bigotes. Parecía un póster de una barbería y, él mismo, llevaba un bigotito fino a modo de mêtre de restaurante francés de lo más ridículo.

La conversación con el trapero era la mar de divertida, pronto se retiraron a un lugar más privado, con vistas al mar y pidieron a uno de los chicos del catering que les sirviesen unas copas de champan aderezadas con eme. Los dos brindaron ante el sol de poniente. La luna asomaba también brillando tenuemente iluminada por el sol y, a lo lejos, sobre el romper de las olas se escuchaba el quejido mántrico de la bruja de las Alpujarras.

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Una vez en el interior de la tierra el ejercito de hormigas dispuso el cuerpo inerte de la niña más guapa del mundo sobre un montón de hojas de higuera secas. Allá en el lecho la hicieron reposar y, una vez la tenían adecuadamente tumbada, con las piernas minimamente abiertas y los brazos extendidos a lo largo del cuerpo, hicieron sonar las trompas. El sonido de estas inundó la caverna y, a los pocos segundos, una tenue luz se hizo visible al final de un túnel que quedaba al fondo. La luz fue avanzando y al llegar a la caverna todas las cabezas se volvieron en su dirección. Un murmullo recorrió la sala y el millón de hormigas que habían llevado a la niña más guapa del mundo hasta la caverna se arrodillaron de repente. Es una visión la mar de curiosa esa de ver millones de hormigas arrodilladas ante su reina.

La reina hormiga era enorme. Casi del tamaño  de un Yorkshire adulto y tenía unas fauces terribles. Capaces de triturar a la niña fácilmente. Alzó una pata hacia sus súbditos y estos se incorporaron en posición de escucha.

- Queridos súbditos. - dijo en el idioma de las hormigas- Os he reunido aquí a todos para que veáis como yo : Wendalin III, reina del hormiguero bajo la higuera , ¡¡¡me follo a la niña más guapa del mundo !!!

Los súbditos de Wendalin prorrumpieron en un vertiginoso aplauso e hicieron chascar sus bocas a modo de aprobación.

- Desde el momento en que cayó en la papelera de al lado de la higuera aquella revista, con la imagen de la niña más guapa del mundo, quise traerla aquí , hacerle participe de nuestro progreso y follarmela bestialmente. Ahora , por fin, ese momento a llegado- nuevos chasquidos de aprobación-. Si bien , he tenido que hacer un gran sacrificio, he tenido que cambiar de sexo.

Ese anuncio causó estupor en la audiencia. Las hormigas soldado se miraban unas a otras, sin entender muy bien como era posible que su reina hubiese cambiado de sexo. Había una cuestión que rondaba la cabeza de todas, qué iba a ser del hormiguero ahora, cómo iban a generar vástagos para seguir existiendo, era ese el fin. Antes de que el caos reinase en la sala, Wendalin tomó de nuevo la palabra:

- Sé lo que ronda vuestras cabezas- dijo la reina/rey hormiga- pero no habéis de temer. Verteré mi simiente en la niña más guapa del mundo y ella se convertirá, sin saberlo, en la siguiente reina madre. Ella llevará nuestro hormiguero a los confines más recónditos del mundo. Ahora, ¡¡ admirad mi cambio de sexo !!

Con un gesto rápido, dos esbirros retiraron la capa real que cubría su espalda dejando a la vista lo que antes era su cloaca femenina. Ahora era una cloaca masculina. Un murmullo de sorpresa recorrió la sala. Y en pocos segundos las hormigas comenzaron a aplaudir alocadas.

- Yo, Wendalin tercera, reina del hormiguero bajo la higuera me voy a follar a la niña más guapa del mundo- ruido de chasquidos y vítores. Las hormigas se estaban volviendo locas allí abajo- . Es más que seguro que muera del esfuerzo, pero quiero que sepáis que la prole que vendrá será la más pródiga que jamás hayamos tenido, la mejor preparada y una que servirá para que el hormiguero de debajo de la higuera se extienda por todo el mundo. Quiero, queridos súbditos,- dijo la reina/rey  entre lágrimas- que me recordéis como la reina que hizo el mayor sacrificio posible y que sepáis que lo hago por todos vosotros, hijos míos. Os quiero- dijo secándose las lágrimas con su pata de Yorkshire.

El alboroto y los vítores eran ensordecedores e inundaban la sala y sin más preámbulo la hormiga reina se introdujo entre las piernas de la niña más guapa del mundo, se incorporó sobre sus patas traseras, posó sus delanteras sobre el abdomen de la niña y arrimó su cloaca a la maravillosa vagina de la niña más guapa del mundo. En cuanto se produjo el primer contacto una corriente eléctrica sacudió el cuerpo de Wendalin que, extasiada, vertió su simiente dentro del vientre de la niña y murió allí en el acto, con las fauces abiertas de par en par en un éxtasis sublime.

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El trapero le había ofrecido bajar a la bodega, allí el calor del eme surtió su efecto y, entre sudores y risas, se desvistieron y empezaron a acariciar y besar. La Niña Mas Guapa del Mundo estaba puestísima, estaba cachondísima y se moría de curiosidad por ver las heridas dejadas por los dardos de Enrique Iglesias. Sin más preámbulos, le bajó los calzones al trapero y este se dejó hacer. Ella se arrodillo y, con su nabo a un palmo de su cara, le hizo girar ciento ochenta grados dejando su culo frente a ella. Allí un tatuaje decoraba sus nalgas :" El rey hormiga ",su nombre artístico,  y, bajo este, una serie de heridas de dardo le llenaban toda la parte interna de sus cachetes hasta los huevos. Ella comenzó a besarle las heridas, le cogió el rabo y le metió la lengua en el culo. Sabía hacer su trabajo y el Rey Hormiga se moría de placer. Nunca le habían comido el culo así. Además le dolían las heridas y resultaba la mar de placentera esa mezcla de dolor y placer.

Le penetró sobre una mesa, tendió a la niña más bonita del mundo sobre ella y le metió todos sus cinco centímetros de pene hasta el fondo. El rey hormiga nunca había sentido nada igual. Esa vagina era mágica y no pudo contenerse mucho tiempo. Su orgasmo fue bestial , se corrió dentro. Notó como su semen llenaba toda su vagina. La había colmado. Ella, en cambio, tenía ganas de más. Insatisfecha y cabreada echó al Rey hormiga de la bodega y se quedó allí bebiéndose una botella de vino.

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La cabeza le iba a estallar cuando abrió los ojos. Se había despertado en su Loft de Mónaco. Sentía el cuerpo cansado, el estómago vacío y un vértigo inusual. La noche anterior era una borrosa confusión en su cabeza. Incluso de dos días atrás no se acordaba de nada. Se asomó a su balcón. A lo lejos tenía la playa de Larvotto y la brisa marina le inundaba los pulmones. Le llegó un vago recuerdo de una  playa murciana. Entonces sopló el viento de poniente y con él llegó un canto mántrico que ya había escuchado antes. Entonces sintió algo creciendo dentro de ella. El hijo del Rey Hormiga.


viernes, 3 de julio de 2020

Fumar transmite el virus

Estaba anteayer con mi padre echando unas cervezas en el bar de siempre, cuando el camarero cambió de canal de la tele y no pude dejar de sorprenderme al ver que ponía un canal para mi desconocido hasta ese momento: Russian News .

No pude hacer otra cosa más que prestarle atención. Estaban echando un reportaje la mar de curioso sobre como la República Popular de China reconducía a sus jóvenes menos dóciles. Los metían en campos militares y les daban una instrucción marcial digna de la peli de la Teniente O´Neil (G.I. Jane). Era bastante gracioso ver las condiciones en que aquellos pobres chavales vivían su día a día , durmiendo sobre una plancha de madera , compartiendo barracón todo el día y luego haciendo actividades físicas bajo las más duras condiciones. Los chavalitos, con sus ojillos cerrados, sus bigotitos incipientes y sus gafas de culo de vaso parecían inofensivos hasta que, pum , con un golpe de efectos de transición se veía parte del entrenamiento vespertino. Una sala oscura, llena de ordenadores que iluminaban palidamente la cara de los chavales . En ese momento comprendí que aquello se trataba de una escuela de hackers . Ciberseguridad, según los rótulos. Perdí el interés y me centré en la conversación que tenía lugar a mi alrededor. 

Manolo acababa de decir que ya no soportaba que le diesen por detrás. A pesar del sentido literal de su afirmación (todo el mundo se hace mayor), la parroquia prorrumpió una caracajada unísona. Eran los chistes favoritos de la clientela y Manolo era un experto en salir de la cocina, soltar un hilarante chascarrillo y volver a ella llevado en brazos de la risa generada. Así las tapas sabían mejor. 

Volví a la tele porque hubo algo que me llamo la atención. En el rotulo se podía leer : "Fumar transmite el virus". Resulta que esta práctica, de por sí, mortal, lo era todavía más . Ya no solo causaba cáncer, esterilidad, molestias varias, rupturas matrimoniales y ceguera sino que transmitía el Covid-19. Según el periodista las tabacaleras ya habían presentado un alegato defendiéndose pero daba igual, la gente estaba dejando de fumar por todo el mundo. El periodista advertía también del riesgo de pasarse al vaper , ya que estos resultaban igualmente transmisores del virus y no solo eso , sino que el covid causaba reacción en los filtros de los mismos pudiendo causar una explosión repentina que desperdigase el virus en todas direcciones aparte de lastimar severamente al usuario del dispositivo eléctrico.

La noticia no se quedaba ahí. Resulta que una la Universidad Católica de Zamora ( una de las más prestigiosas de México) había descubierto que el latex transmitía el virus y recomendaban encarecidamente a todos sus estudiantes prescindir de profilácticos a la hora de tener encuentros sexuales , eso sí, no debían dejar de lado las mascarillas. "Sin condón pero con protección" era el nuevo eslogan de una campaña que habían comenzado hace poco para concienciar a la población mexicana. Poco dada al uso de la mascarilla. 


Además la Fundación Trudeau de Canada acaba de publicar un research en el que probaban que los peinados estrambóticos favorecían el contagio. Conseguían explicar así la mayor incidencia del virus entre la población negra de los EEUU, muy dada esta a los peinados afro. Parece ser que las patillas y las coletas también hacían efecto velcro captando todas las partículas virales que flotaban en el aire. Explicaban así también porque sociedades como la española y la italiana habían sufrido mayor incidencia del virus y porque este afectaba más a hombre que a mujeres. Los hombres latinos, muy dados a dejarse la barba de tres días, eran presa fácil para ese virus volador que flotaba en el aire. Por no hablar del diferenciador genético que hacía crecer una ingente cantidad de pelo en el pecho y la espalda. Se convertían estos en auténticos felpudos capta viruses. 

Por último el joven periodista loaba la barbilampiña genética eslava y china que dotaba a estas razas de una superior defensa natural contra los viruses. Igualmente exaltaba la excelente constumbre de mantener las distancias sociales. Al decir eso monstraban un vídeo de como había de comportarse un ciudadano de bien para evitar el contagio. Evitar el contacto estrecho con gente peluda. Lo pongo a continuación.





Me recordó un poco a Patricia evitando el contacto físico con sus barbudos amigos. Conclusión, hemos tenido mala suerte , estaríamos más seguros en un Gulag, en alguna ciudad prohibida del páramo ruso o siendo adoctrinados por el ejército chino para vigilar la seguridad cibernética del páis. Por suerte no hemos nacido como personas de color en los EEUU . Esos si que están jodidos, si no los mata el virus, lo hace la policía. 

martes, 30 de junio de 2020

Hemos vuelto a la normalidad, pero sin trabajo. La nueva normalidad consiste para mí en llevar máscara por la calle.

La nueva normalidad está llena  de saludos raros, de " bueno ¿qué?¿Nos abrazamos?". El otro día mi madre me desnudo al entrar en casa. Toda precaución es poca y , más para ella, bregando con la muerte todo el día. Parece que se ha acostumbrado a dejarla en el umbral. Pasen de uno en uno. A ti no te toca aún. Y ahí me imagino a la muerte en la puerta de la habitación del hospital donde trabaja, esperando paciente a que le den paso o ahi, en la puerta de casa , decepcionada al ver cómo me desinfecta mamá.

Le pedí permiso para darle un abrazo. Llevábamos tres meses sin vernos y debatimos largo y tendido la necesidad de un abrazo y un beso. Me siento desquerido ma, son tres meses. Joer. Nadie me ha dado un beso en tres meses Joe...

La gente ha aprendido a dar pena durante esta cuarentena. Hay auténticos profesionales. Los mejores están a las entradas de los supermercados
. Yo no podía ser menos. Ya no sé ni si llamarlo así o no. Simplemente la nueva normalidad está llena de anormalidades.

Pero hay brotes verdes. Los niños de la Elvira vuelven a dar palos. Hoy he leído en el periódico que se espera que 58 vuelos aterricen la semana que viene enaen el aeropuerto. El otro día acabé en la Estrella, la gente fumaba, ahí con el techo a un palmo de sus cabezas, codo con codo con el siguiente fumador. Algún atrevido meneaba la cadera dislocado. En los lugares sin pista de baile es imposible prohibir el baile.

Hoy he vuelto a casa de mi madre. Llevaba sin verla un al menos un mes, pero hoy , si que me abrazó. Me desnudó, desinfectó y abrazó. La muerte estaba igual, en el umbral de la puerta. Parecía triste por no entrar, aunque tenía una sonrisa burlona. Mientras cerraba la puerta, alzó el brazo, dejando ver su huesuda muñeca por debajo de la túnica. Allí estaba marcado el señor bigotudo, el inconfundible sello de la booga. Con razón estaba tan contenta, con razón los niños de la Elvira vuelven a dar palos, con razón me abraza mi madre y vuelven los vuelos. Tenemos discoteca abierta en Granada...


domingo, 21 de junio de 2020

La nueva normalidad

Este fin de semana ha sido el solsticio de verano.
También la luna nueva.
Y también ha habido eclipse solar.

Al parecer se confundieron calculando la fecha del fin del mundo según el calendario maya:
No era el 21.12.2012
Resulta que hace 268 años cambiamos del calendario juliano al gregoriano, que tiene 11 días más.
Si calculásemos la fecha en el calendario antiguo:
268 años x 11 días = 2.948 días más
La fecha corregida sería hoy: 21.06.2020

Hoy termina el estado de alarma.
Mañana comienza la nueva normalidad.

Bienvenidos.

-Infectada289/k-

miércoles, 3 de junio de 2020

He sido atrapada por un vórtice en el espacio-tiempo. De repente una gravedad insalvable me ha arrastrado hacia el centro de esta improbable entidad, me ha aplastado, estirado, torneado, aplastado otra vez... y me ha escupido por el otro lado. Y me ha dejado aquí de nuevo, exactamente donde estaba: sentada en mi sofá escribiendo en mi ordenador, misma fecha misma hora. Solo cambia una cosa: esa flor azul de la pared no estaba antes. Estoy segura que antes ahí habia una bola hueca. La hice y la puse ahí yo misma. ¿De dónde ha brotado esa flor? Fijándome bien es de tela, no ha brotado de ningún lado. Entonces solo existe una respuesta: estoy en otra realidad. Estos no son mi sofa y mi ordenador. Este no es mi salón. Este no es mi barrio. Esta no es mi gente. Se parecen mucho, físicamente son idénticos, pero no son ellos. Pero para ellos la que no soy, soy yo. Esta es su realidad.

viernes, 29 de mayo de 2020

el obstáculo es el camino

Hay un saludo chino que dice: “Te deseo que vivas tiempos interesantes”, que en realidad era tomado como una maldición para mentes que funcionan en vigilia ordinaria; es decir, te deseo problemas para que "te resuelvas". Te deseo que no te subvencionen el alma, ni te modulen con "nuevas y viejas normalidades". Te deseo que te alejes de todos esos artificios que te sobreprotegen hasta el punto que tu mismo ya no sabes protegerte; que te sobreprotegen hasta tal punto que ya no eres capaz de desarrollar tus propias habilidades. Te deseo eso, amigo, para que te superes, para que evoluciones, para que pasemos a otra etapa lo suficientemente interesante que merezca ser recordada.



domingo, 24 de mayo de 2020

Rigaudón

Estoy cansado y contrariado por la deriva que están tomando los acontecimientos.

Harto de malas miradas, de juicios innecesarios, de creerse uno más que el otro, de que si yo tengo la razón y tu no.

En nuestra defensa diré que nuestro baile es temprano, recogidito y despacio todo bien hecho y calculado. Se agarra tanto con la mirada como con las manos mientras se marcan los pasos centenarios. Los ángeles miran y su pueblo baila en este sacro arte del movimiento. Vamos desde el minueto a la Polca de Rigaudon, desde Gigué hasta el gran Vals vienés. El

Pero es acabar nuestra sesión - cuando todavía el aire sigue danzando en círculos con suave y perfecta armonía - para que lleguen los de la  clase de biodanza; esas personas contrahechas, con demasiadas siestas y poca entraña, que de tanto deshilacharse van a desarrollar una escoliosis funcional, que regalan el abrazo al desconocido sin haberle visto los ojos.

Una vez, no me pude contener de la rabía y le pregunte al que se llama así mismo Maestro, ¿Quien es vuestro Bach? Me dijo: la luna y el sol.

¿La luna y el sol?

Imperio!
Imperio!
Bach e Imperio, le respondí.

viernes, 22 de mayo de 2020

El email

Hola querid@ ,

Te escribo desde un lugar lejano y recóndito. Vine aquí a vivir aventuras y me encontré casado y con cuatro niños. El trabajo me tiene maniatado y , cuando llegó a casa, ni siquiera me quedan fuerzas para hacerle el amor a mi mujer. Hace tiempo que sé que me engaña. Si es que se le puede llamar engaño.

Ante sus ausencias, cada vez más frecuentes , decidí dejar de lado mis ataduras conyugales y vivir la vida. Hacía un par de semanas que una chica rusa me mandó un correo y decidí responder. Siempre me he reído de esos feos y gordos que van de la mano de chicas despampanantes. De esos que parece que paseando las virtudes de sus novias esconden sus miserias propias. Y siempre he detestado la gente que se aprovechaba de la miseria ajena para su propio beneficio. Ahora era yo el que buscaba tener un devaneo sexual con María , jaquetona tremenda, de metro ochenta , piel lechosa, ojos verdes , labios carnosos y melena rubia que caía hasta allá donde la espalda pierde su digno nombre.  Ahora era yo el cornudo barrigón al que el pelo le raleaba más rápido de lo que le salían canas. Y ahora era yo el que estaba deseando pasear a María delante de todos mis conocidos.  Aunque, bien sabía que ella solo buscaba una vida mejor lejos de la pobreza de su pequeño pueblo, perdido en mitad de la nada. Eso me daba igual. Quería engañarlos a todos, quería esconder mis miserias.

Maria se ganó un lugar en mi vida, los correos fluían , me resultaba simpática , agradable y su facilidad para aprender el castellano me dejó pasmado. Un día hablamos por teléfono y eso lo cambio todo. Ella quería venir. No aguantaba más y me pedía abandonar a mi familia y traerla aquí. Yo le expliqué que no era tan sencillo. Quedamos en que vendría de visita , nos conoceríamos e iríamos paso a paso.  Había un problema: ella no tenía dinero para pagarse el billete.

Yo, querid@ amig@, cómo bien sabes , siempre he sido un hombre precavido y , a pesar de que es difícil hacerlo cuando tienes cuatro hijos, había conseguido ahorrar algo de dinero. Suficiente para pagarle el billete de avión (ida y vuelta ) , los trámites aduaneros necesarios y una estancia en un bonito hotel convenientemente situado cerca de mi casa, en mi ciudad. Así mis escapaditas serían más fáciles.

Maria me pasó su cuenta de banco el diez de Marzo, el vuelo era el catorce. María cogió el vuelo en Moscú. El vuelo duraba catorce horas. Cuando llegó aquí le realizaron un escáner de temperatura y pareció tener fiebre. Fue aislada en un ala médica del aeropuerto y le concedieron hacer una llamada.  Llamó a casa. Con el descoloque horario no tuvo en cuenta la hora local. Yo estaba trabajando, mi mujer en casa con los niños y la cuarentena recién comenzada.

Todo esto lo supe por una nota que me dejó mi mujer sobre la mesa. Cuando llegué a casa se había ido ya con su querido, poniendo, de facto, fin a nuestro matrimonio guión farsa. Yo me quedé con cuatro niños que alimentar y aguantar durante, a priori, cuarenta días. Nunca pude contactar con María. Su correo estaba offline. No tenía su teléfono. Nada.

Seguí yendo a trabajar una semana más. Ese viernes me echaron. Al poco leí en el periódico que había muerto una persona de las que iba a bordo del avión, procedencia Moscú, que había sido puesto en cuarentena . Yo me había comido la cabeza desde el principio con la muy alta posibilidad de que Maria fuese un fraude. De que todo eso de venir a visitarme fuese una treta para sacarme el dinero. Ahora esa posibilidad se entrelazaba con la de que estuviese muerta. Fifty fity. Que más da.

El otro día mi tercer hijo enfermó. Tosía sin parar y le subió la fiebre una barbaridad. Al llamar al servicio médico me aseguraron que sólo podían hacerle el test pero que no podrían tratarlo por no estar cubierto por ningún seguro. Yo perdí el seguro al perder el empleo. El poco dinero que tenía ahorrado lo perdí en María. No tenía manera de tratarlo. No tenía dinero ni para comprar medicinas.

Es por eso que te escribo. La cuarentena es un momento para darse cuenta de lo que realmente importa. Mi hijo dio positivo por Covid esta mañana . Posiblemente sus hermanos estén también enfermos. Mi mujer me abandonó, me echaron del trabajo y yo me he dado cuenta de que mis hijos lo son todo para mí. Necesito que alguien me eche una mano. Y, tú me conoces , no me gusta pedir ayuda y menos económica pero no me queda otra.

Por favor ayúdame. Creo que, aunque he cometido errores, tremendos errores , todos merecemos una segunda oportunidad. Tú, querid@ amig@, te puedes convertir en mi ángel de la guarda y , lo que es más importante, en el de mis hijos. Ni que decir tiene que, tan pronto como esto pase, recupere mi trabajo y levante la cabeza un poco, te pagaré la deuda que ahora mismo estoy contrayendo contigo.

Cómo sabes el envío de dinero entre nuestros dos países está sujeto a impuestos de distinto tipo e incluso puede ser arbitrariamente confiscado por las autoridades así que no queda otra más que hacer un envío de Bit Coins. Debajo dejo mi cuenta. por favor , ten en cuenta que el futuro de cuatro inocentes criaturas depende de ti.

Deberás copiar y pegar esta dirección y eliminar los***

b***c1qedc87ketms8na3tvkcfcpfv40x2lmp02750nfv

Muchas gracias .

sábado, 9 de mayo de 2020

San Juan

Vivo en una casa,
que es un castillo.
Desde su torre mas alta

veo el reino de los vivos.
Desde esta mi ventana,
mis ojos son testigos:

Cuando llega la escarcha
y empieza el frío, he visto
salir a la Muerte de su escondrijo.

Llega la Peste, jinete
de un caballo cobrizo.
Es amiga de la Muerte

y trae en la grupa a la Guerra.
Eso veo desde mi castillo:
como asolan la Tierra

y el reino de los vivos,
Muerte, Peste y Guerra;
cuando llega el frío.

Vino un jinete blanco,
redentor de los vivos
pero lo mataron los bancos

y un hombre con flequillo.
Lo dejaron en harapos
y se comieron su equino.

Perdieron la esperanza
los moros y judíos.
Murió la raza blanca,

encerrada en sus castillos.
Ahora solo somos fantasmas
que vagan en el olvido.



martes, 5 de mayo de 2020

HAIKU BORRACHO

"UNA CAÑA PORFA"

ESTAMOS EN UNA FARMACIA

"JÓ ME CAO EN TÓ"

LUNA LLENA

...luna que bella eres
si fijan a crecer en ti
las flores y los claveles...

El Pau con su guitarra se insinúa en mis auriculares y en mis recuerdos
y de repente uno tsunami de emociones...
no es culpa de mi inestabilidad ni de la cuarentena
es la luna llena que se acerca
dominando como siempre mi subconsciente.
Sueño mucho últimamente
emociones pasadas
lagrimas secas
viajes de un tiempo lejano...
Con mi maleta de melancolía
me pierdo por las calles de Graná
Me paro y miro a la luna:
llevaba 50 días sin que su luz me pudiese dar alivio.
La Alhambra de noche
yo sola sentada
ahogo con placer en mi nostalgia
no es mal de amores...
solté ya hace mucho
es darse cuenta que la fuerza de una guerrera
no está en su luciente armadura
que con una sonrisa se pierde por el mundo
si no en sus momentos a solas
con su imagen reflejada en una noche
que parece eterna...
pero mañana va a salir el sol.
Como siempre.

sábado, 2 de mayo de 2020

el dáugaba

Iba esta mañana dando mi paseo por Wuhan, cuando me he encontrado al arquitecto-jefe de la Alhambra con un viejo grabado del monumento, iba parando uno a uno a todas las personas diciéndoles - ¡venid, venid! ¡Seguimos siendo hermosos! - el plan es ir por toda China perfeccionando sus técnicas de persuasión. Si le falla, hizo un cursillo básico de hipnosis facilitado por la Junta. De todas formas, se le ha prometido llamarle todos los días para mostrarle nuestra preocupación por él y cuando vuelva recuperar su puesto.

Ese solo era un detalle sin importancia, lo importante es que en el informe llegado esta mañana se ha revisado una muestra de sentimientos post-pandémicos, donde para nuestra sorpresa, la Alhambra no se encuentra entre las cosas que se echan de menos. En la Junta hemos simplemente aplicado la lógica a estas emociones, y hemos llegado a la conclusión de que nadie puede echar de menos algo que lleva tantos años consumiendo tanto espacio, y menos con esa arrogancia...

 - ¿Qué le da derecho a ocupar esa colina tanto tiempo? - Ha preguntado el director. ¿Está al día con sus pagos? Lo revisaremos. Revisaremos los papeles desde Boabdil a Bermúdez y encontraremos las lagunas técnicas de vuestras emociones. Mi misión es haceros saber que, de antemano, gracias a dicha muestra neuronal desafectiva se ha firmado la venta, tapia a tapia a Goldman Sachs para que sea troceada en Wall Street. En Wall Street aprecian ahora mucho la arena rojiza; les hemos pedido que usen el término “alpañata” para aumentar su valor, la recepción ha sido muy positiva. Wall Street no deja de ser una pared, tanto igual que la alhambra - no notarán la diferencia - hemos aseverado los técnicos.  Más jardines para Wall Street, más mercado para la Alhambra. Y da igual donde poner la fuente y donde poner el panel de dividendos. Ese toro de la economía también puede sostener una fuente, y la poesía más bella de dos hermanas, esa que se equivoca contando los centuriones de Orión, podría perfectamente estar sobre el parqué de conteo de Brent. Eso nos servirá a los economistas para recordar que nos llevamos equivocando milenios. En la Colina roja hemos decidido poner un gran panel luminiscente también a modo de recordatorio, reza así: "Cómprale al que heredó, porque no sabe lo que vale". 

Si pensáis que es la malignidad los que nos empuja estáis equivocados. Son los informes. Además, los economistas somos los que más necesitamos las bondades espirituales del arte. Y no vosotros historiadores del arte, vosotros lo que necesitáis es dinero. Para ello, os hemos preparado un curso de economía inductiva. Ahora sí, con este cursillo podéis trabajar en el Tapial de Wall Street. Sensibilidad artística sobre Econometría I y II. Impartido coralmente por Buffet y Bansky. La crítica está entusiasmada: Los números se llenarán de poesía, y el arte de billetes de algodón y lino.

Os escribo bajo esta armadura de par y nudillo que nos hemos quedado en el departamento como prima por nuestra gran gestión. El último informe remitido dice que somos hoy sin duda más sensibles que ayer, aún así no queremos comprensión...

Hemos pensado vuestro futuro mejor que vosotros, no os molestéis, estáis a años luz... y siempre podéis quejaros por lo bajo de nuestras malignidades  mientras bebéis un gintonic en esa nueva terraza de Central Square.







viernes, 1 de mayo de 2020

La cuarentena se ha convertido en algo así como el día de la marmota: todos los días empiezan igual, todos los días te levantas con el hastío de que otra vez es lo mismo de ayer y anteayer y el día anterior... Con la diferencia de que no puedes hacer lo que te venga en gana porque las consecuencias de tus actos sí que perduran. NOT FAIR

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La hora de la siesta no es la hora de escribir

El otro día vi "Matrix". Hace poco leí " La insoportable levedad del ser ". Ambos versan, en cierto modo, de lo mismo: como las decisiones, en apariencia más irrelevantes, nos guían paso a paso hacia nuestro destino, hacia nuestra realidad. Y como, a la vez, esa realidad es sumamente subjetiva.

Igualmente, la necesidad de volver a atrás, de cuestionarse nuestras decisiones, se plantea imperativa a la par que fútil. De que nos sirve plantearnos por qué tomamos cierta decisión si no va a cambiar nada en nuestra realidad. En cierto modo esto nos lleva al pragmatismo más absoluto. Hay que hacer cosas, hay que hacerlas bien. No hay que cuestionarse por qué las hacemos sino, mas bien, para qué.

lunes, 27 de abril de 2020

Ramadan mubarak

Demasiado a menudo se confunden religión y espiritualidad. Tiene cierto sentido, ya que la religión apareció como una necesidad espiritual de los humanos. Las religiones proveen el marco donde desarrollar el espíritu.

Eso lleva a que muchas personas anti-religiosas desprecien la espiritualidad. Creen que ser espiritual es ser religioso y viceversa. Opinan que ser espiritual es tener ideas ingenuas y creencias falsas, que son falsas porque la ciencia no las puede demostrar. Para ellos, calificar a una persona de espiritual es ridiculizarla.

Por suerte, otros muchos reconocen la espiritualidad como una dimensión de la existencia humana, libre de dogmas y ceremonias, que existe independientemente de la religión. Podemos estar más o menos en contacto con ella, pero todos tenemos la capacidad de experimentarla. Independientemente de nuestra o no religión.

Por tanto, la religión es una consecuencia de la espiritualidad pero no es necesaria.

Sería lógico pensar que la razón de ser de las religiones sea cuidar del espíritu. Al menos yo siempre lo había entendido así... Pero llevo un par de días removida pensando cómo lo hace la religión católica.

El hecho de que este año la celebración anual más grande del catolicismo haya tenido que ser cancelada por el Covid19, mientras que la del Islam sea completamente indiferente a la cuarentena, me produjo cierta inquietud. Era evidente que una NO se podía hacer y era evidente que la otra SÍ. ¿La diferencia? Una está basada en la apariencia y otra en la introspección. No pretendo hacer un juicio comparativo, pero es una diferencia que llama mucho la atención. Y lo que más me chirría de esa diferencia es que lleva a la pregunta: ¿en qué sentido la religión católica ayuda al desarrollo del espíritu?

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jueves, 23 de abril de 2020

Matar al dragón

Te guste o no te despiertas cada mañana en el mundo exterior, y sí, tienes que esforzarte por vivir. Que tediosa familiaridad tiene todo, cada día se repite la misma historia.

En cambio en el mundo interior no existe el trabajo ni la monotonía. Debería ser placentero, en cambio cuesta quedarse ¿Por qué? Será que ahí estás solo. ¿Estás solo? Estás solo. ¿Y en el exterior? En el exterior ni los más apretados amantes lograron hacerse uno. A la hora de la verdad, murieron solos, ni el Cristo, ni los mártires, todos, a la hora de la verdad, solos.

Pinta negro, mejor ir entrenando y bucear.

Entras discretamente en la pecera de la conciencia. No solo te sientes solo es incluso peor, te asaltan pensamientos, te turbian sensaciones, miedos pasados, tu cuerpo es una turbina química de inseguridades. Ansías algo sólido donde agarrarte, un centro. ¿Hay centro? ¿Donde está la eternidad junta a una flor de la que te habló el Maestro?. No la encuentras, y te asustas. Te escondes pero el miedo te encuentra en tu pequeño escondrijo. No hay donde esconderse. Quieres correr, pero no hay donde correr. Si no hay centro, ¿hacía donde piensas dirigirte? Te hundes en el barro. 

Al día siguiente estás fuerte, inspirado, sabes por el Manual y la intuición que esa pecera también es un mar de paz y tranquilidad. Quieres esa fuente, ansias esa fuente. Estas relajado, respiras... tienes el control. Es más de lo que nunca tuviste (de lo que nunca tendrás).  ... uno, dos tres, vuelves a caer. ¡¡Damn!! Que perverso juego este de controlar o ser controlado. Que fácil sería desear y obtener lo deseado. Vuelves a leer el Manual. Ahora mejor (que bueno es este manual). Te concentras en solo observar como si no estuvieses ahí, como si no fuese contigo, miras las nubes de la conciencia, te distancias, lo practicas, aguantas, respiras... uno, dos, tres ¡¡damn!! Para abajo, demasiadas cadenas para andar por el barro. Golpeas al manual. Es demasiado. Sales al exterior. Seguro que hay cosas más importantes que hacer en el mundo de las diez mil cosas. 

Hoy  te sientes derrotado, no crees tener los recursos ni inteligencia para sentirte al mando del barco. Te dejas caer, y te das cuenta que más que subir a la montaña, sale mejor dejarse caer como hacen los ríos, sin esfuerzo alguno, deshaciéndote en el horizonte vas desapareciendo... pronto descubres que en ese mar abisal de la conciencia estuvieron Blake, Bach y Tesla... Inspiración. El mismo aire que exhaló San Juan ahora inhalas tú. Comunión. Aquí se labró el autorretrato de Cezanne, esté atomo le sostenía el pulso a Miguel Ángel.... Sientes la rueda de la vida... te olvidas de ti... de todos. La rueda. Ni rueda queda. Espera, lo estás consiguiendo, estás conectado, ¿a qué? Si no estás tú, ¿Quien está ? ¿de quien es esta voz que narra? Dejas las preguntas...

Estás tan bien... lo has encontrado,

y aún así,

¿Por qué vuelves?


-Alamein-

Locura en la Calle San José


El hijo de puta del perro negro.
Horario: entre 13:00 y 14:00
WOOF! WOOF! WOOF! WOOF! Toca abrir la ventana otra vez para que se metan Kahlo y Polly. El perro negro cumple con su rutina. Nemo, Diego Rivera y Garfield buscan refugio en la iglesia. No si el perro negro podría contra los 5 gatos. Lo dudo. Son albaicineros, de toda la vida. Sé que mientras todo esto pasa el vecino está fumando al lado del Ábaco. WOOF! WOOF! WOOF! Dice que lo está entrenando, que no pasa nada, a pesar de tener la correa en su mano. Y si no, usa el collar eléctrico para perros. Hijo de puta. Así todos los días.

La loca de la ventana.
Horario: entre 16:30 y 18:00.
Con su móvil, por la ventana, adentro de su casa. Parece que se ha cansado de estar dentro y ahora sale. Grita y grita. ¿Con quién hablará? Siempre de mal humor. Todos los días. Hoy incluso llegué a escuchar a la persona que estaba al otro lado de la llamada. Si la escucho yo, no me quiero imaginar sus vecinos. Así todos los días.

Jesús el esquizofrénico (“esquizo” para los del barrio).
Horario: entre 1:00 y 1:30.
Concierto nocturno desde la ventana. Hace dos días decidió adelantarse una hora y saludar a sus fans desde donde caminamos los mortales: la calle, al pie del alminar, con un cuchillo. La noble vecina domadora de esquizofrénicos logro convencerlo de subir a casa y callarse justo antes de que llegara la policía. Desde ese día no lo escucho. Habrá vuelto a las pastillas mágicas. Así todas las noches... menos las últimas dos.


Día 41. ¿Cuál será mi horario en unos días?

empatia portami via


... DÍA ni siquiera recuerdo cuál DE LA CUARENTENA:
No hago insta stories
No tengo tiktok
No he aceptado ningún reto en Facebook
No hice pasteles ni comida compulsivamente publicada en las rrss
Nunca me he quejado de no salir a pasear perros que no tengo
No me convertí en víctima porque vivo a 2300 km de casa y sola
No he llenado la celda de otras personas con cadenas, videos inútiles, noticias falsas y audio que duran al menos 7 minutos
No salí ni para cantar ni para aplaudir al balcon
No he contactado a aquellos que llevo al menos 10 años sin saber de ellos solo por aburrimiento o para hablar sobre covid-19
No tengo televisor
No tengo tinder
No hice tutoriales innecesarios ni jugué con papel higiénico ...

En caso de duda, sigo meditando, uso las redes sociales al mínimo, canto en la ducha y hago lo que estaba haciendo incluso antes de esta absurda aventura: ¡NO TOCAR LOS HUEVOS A LOS DEMÁS SOLO POR QUÉ TE DA LA GANA!

Leggera come una libellula!

... hablando por teléfono con mis padres
el horno abierto esperando recibir una buena focaccia
para disfrutar luego con una copa de vino tinto
de repente la luz se corta
Me doy la vuelta
No recuerdo el horno abierto
y con la elegancia de un elefante en una tienda de cristal
Caigo con todos mis buenos kg
que ni siquiera el cirque du soleil!
Puerta del horno rota ...o casi
Antiguas blasfemias en mi maravilloso dialecto
el vecino me llama desde la ventana
temiendo que algo muy pesado se hubiera roto
(¿Tal vez estaba hablando de mi lindo trasero?)
pero la focaccia tenia que ser cocinada ...
finalmente después de varios intentos
y una bolsa de hielo en la rodilla
no solo disfruto mi deliciosa cena
pero brindo a quien arregla las cosas sola
¡Y es tan elegante como una libélula!

Lockdown love stories

Entro en el Mercadona
tu detrás de mi
Te miro
Me miras
Una mascarilla oculta tu boca
Pero los ojos negros aun no
"Mirada andaluza: lo mejor que te puede pasar un día tan gris como hoy" pienso yo
Nos perdimos donde está el pan
Te encuentro a las caja después de 40 minutos
"Casualidad bendida" sigo pensando
No tienes mas la mascarilla...raro.
No me parece tan listo quitarsela en un supermecado.
Durante una pandemia.
Me miras y me sonríes.
Te faltan 3 dientes.
Se acabó el amor at first sight.
pero me quedé con el helado al chocolate!

martes, 21 de abril de 2020

La Carta II.

- Hostia, cuanto tiempo, ¿Cómo estás?- dije, mientras otra voz interna me recordaba "mantén la distancia de seguridad".

- Bien tío. Sí,de verdad, llevábamos mucho sin vernos.

Ella seguía ahí, en el suelo, los pies doblados, flor de loto. La mirada perdida. Miraba al infinito.

-¿Estás bien ?

Me miró un segundo, directa a los ojos. Me dio miedo. La misma súplica , la misma demanda de misericordia que sentía cuando me miraban los perros disecados, cuando me miraba mi amigo. A este le había dado la espalda. No quería tener que lidiar con esos ojos, ni con su boca colgona. En cuanto a mi amiga, nuestro cruce de miradas había sido fugaz, esos ojos venían a decirme "te he respondido ya a esa pregunta, no me hagas malgastar mi aliento". Ahora miraban de nuevo al frente.

- No soy la única que está aquí. Resulta que nos han dado salvoconducto con esta exhibición. Sin saberlo - tuvo que ver en mi cara que no pillaba lo que decía, porque continuo explicándose - Cómo bien sabes, el virus no distingue muy bien a animales y personas. Aquí podemos pasar desapercibidos, al aire libre, sin necesidad de una justificación real. Pero si nos ven hablando, se irá está coartada a tomar por saco.

Sus ojos volvieron a posarse sobre los míos, un segundo, en este caso, llenos de reproche. El mensaje estaba claro.

- Bueno, me voy. Me ha gustado verte , saber que estás bien. Lo mismo me paso un rato a la vuelta.

Me miró de nuevo.

- Sabes, estoy bien, estoy súper tranquila. He aprendido a que no me importe nada, pero no soy feliz. Vete anda. Yo no creo que tu sitio esté aquí. Tú esto no lo entiendes.

Otra vez la mirada. Esa mirada disecada que me seguía antes por todo el albero. Otra vez el lamento y la súplica enmascarado en ella. No había boca abierta , ni lengua colgona, pero no quería estar allí más. Me di la vuelta y eché a andar. Supongo que está siempre ha sido mi manera de afrontar las cosas. Por qué iba a cambiarla ahora.

Pasé entre los perros disecados , a paso ligero. Mientras cruzaba ese tramo que me quedaba hasta el bulevar del Corte Inglés, me di cuenta de que había más personas allí, algunas disecadas y otras, simplemente pasando el rato. Y muchos animales, de todo tipo, no solo perros. Había gatos, había pájaros , una iguana y gallinas. De hecho allí, en una esquina, estaba la loca del huerto. El pelo enmarañado, las gafas en la punta de la nariz, sudaba a mares y parecía febril. No sé había percatado de mi presencia y yo me quedé mirándola desde lejos, no tenía ganas de entrar en contacto con ella. Estaba buscando gallinas entre los perros, las cogía y las ponía todas más o menos juntas. Una vez tuvo una media docena a su alrededor, sacó una media barra de pan y empezó a desmigarla y a tirarles las migajas.

- Comed bonitas, comed, luego los huevos no salen buenos. Comed venga. Que hoy vienen mis hijos a casa y les he prometido una tortilla. Comed....

La voz se le quebró y calló de rodillas, entre lágrimas. Empezó a toser de tal manera que levantó el albero a su alrededor. El pelo enmarañado se le lleno de arena y allí se quedó, tosiendo, sentada sobre sus tobillos, con una larga baba colgándole hasta el pecho y las gafas, manteniendo un precario equilibrio sobre la punta de la nariz, cubiertas de una mezcla de albero y esputo.


 Es cierto, este virus no distingue muy bien un animal de otro, ni una persona de otra. Al principio había aumentado la riqueza de unos, evidenciando aún más la brecha social, pero, con el tiempo, nos había igualado a todos. Ya nadie se preocupaba de la economía. No usábamos dinero. Nada importaba nada.

No soy feliz. Esa frase retumbaba en mi cabeza. No soy feliz. No soy feliz. Ni ella lo era, ni yo tampoco, ni los perros disecados,  ni la loca del huerto, ni los fantasmas que venían a visitarme por las noches. Ni el virus es feliz. Por ahí leí hace tiempo que la felicidad no existe, que es un concepto obligatoriamente pasado. Nos obliga a hacer una continua búsqueda de ese algo que nos hizo felices en el pasado. Sin ser consciente de que en ese momento de un tiempo anterior, posiblemente no éramos conscientes de nuestra felicidad y , posiblemente , la situábamos , a su vez, en otro tiempo pasado. Esta dinámica nos ponían en pos de una búsqueda continua de la felicidad que nos hace volver a nuestro pasado continuamente, incluso cometiendo los mismos errores que ya hemos cometido, tropezando dos veces sobre las mismas piedras. Lo triste es darse cuenta de que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. Vivir sin esperanza.

Seguí por el bulevar del Corte Inglés, pasé este, pasé la fuente también y me acercaba a mi objetivo.
Entonces pasé por delante de una tienda de telefonía. Habían cerrado hace años. Ya no podíamos comunicarnos. Me acordé de la angustia existencial que me sacudió en aquel momento. La cuarentena no había sido nada en comparación con el apagón tecnológico. Ese había sido el gran shock. Estar solos, en casa, sin posibilidad de salir, sin posibilidad de comunicarnos, encendiendo la tele para ver distorsión, ruido, niebla, salir a la calle y solo poder hablar con el tendero. Las revueltas fueron sofocadas, los perros matados. No éramos felices, no lo habíamos sido. No lo seríamos nunca.

La gente moría a todas horas. La sociedad que habíamos conocido había quedado atrás. No sabíamos qué leyes nos regían, si es que nos regía alguna, no sabíamos quién nos gobernaba, no sabíamos qué pasaba en otros países de nuestro entorno. La única certeza es que la gente moría. Mi padre me lo decía siempre: "la única certeza que tenemos en esta vida es que nos vamos a morir". Y ahora nos moríamos solos, desconectados. No había esquelas , no había entierros, no había llamadas telefónicas de un ser querido que, entre sollozos, te anunciaba la fatal noticia . Lo único que había, en mi caso, era una proyección fantasmagórica que venía a anunciarme su partida al más allá. A despedirse de mí y a desearme suerte. Mi padre, mi madre , mi hermanos , mis amigos , muchos se habían despedido ya. No somos felices y estamos aquí para morirnos, bonito augurio. En la calle brilla el sol y cantan los pájaros pero yo vivía en una prisión, encadenado a dos certezas que me esclavizaban: soledad y muerte.

Seguí con paso firme hasta que llegué a la oficina de correos. Cerrada. No sé por qué me sorprendía. Había una entrada lateral , al lado de unos buzones disimulados en cabezas de leones, que siempre había llamado mi atención cuando niño. Al acercarme vi a un hombre con su uniforme de cartero sentado en los escalones. Resulta que era mi primo. El cartero. Nos quedamos mirándonos unos segundos hasta que nos fundimos en un abrazo.

Me explicó que estaba allí porque había decidido volver a repartir cartas. Me acordé del papel que hacía Kevin Costner en la peli " El Mensajero", llevando cartas en un mundo postapocalíptico. Había decidido que sería su manera de joder al sistema. Pero había perdido la llave de la oficina. Yo le explique que estaba allí para reclamarles que mi ultima carta no había llegado nunca a destino. Ahora con la oficina cerrada le dije que pretendía buscarla entre las miles de misivas que podía haber allí dentro, pero, de nuevo, el problema estaba en entrar.

Por suerte había pensado en esto antes de salir de casa y me había traído mi botellita con la etiqueta de " Bébeme". La descorché y tomé un sorbo, inmediatamente empece a menguar, a empequeñecer, cual Alicia, de manera que apenas llegué a medir medio palmo. Entonces mi primo me echó por la rendija del buzón de cartas a Granada . Fui engullido por el león y caí de bruces en una mesa de clasificación de cartas con distintas bandejas dispuestas por distritos. Recurrí a mi otra botella, la de mi bolsillo derecho y en un par de segundos había recobrado mi tamaño original. En cuestión de cinco minutos mi primo estaba en aquella sala conmigo, allí con su uniforme clasificando cartas.

- ¿A quién le habías escrito la carta que buscas?

- No lo sé- respondí. 

- Entonces mira allí a ver si reconoces alguna- Me señaló un montón de cartas que ocupaba un cuarto de la sala donde estábamos , esparcidas todas por el suelo y formando un montículo más alto que yo.- ¿Dónde vives por cierto ? Vamos a ver si hay algo para ti.

Le dije mi dirección y me puse manos a la obra. Recordaba que la carta que había enviado era cuadrada. Era una postal, de uno de mis viajes . Estuve buscando horas hasta que di con ella. Allí estaba el sobre en mis manos, grande cuadrado y sin dirección. ¿Por qué había enviado una carta sin dirección? Estaba seguro de que era para ella, pero ¿había olvidado para aquellas alturas su nombre y su dirección? Ahora ya no me acordaba de nada, ni su cara , ni su apariencia, nada . Era otro fantasma que iría a visitarme o quizás ni eso , quién sabe, quizás ella tampoco se acordaba de mi ya. Recuerdo que una de las razones que me empujó a buscar la carta era que me había echado en cara que no le había llegado... Hacía tanto tiempo de eso .

Busqué alguna pista en el interior. La postal era de Stonehenge, una pasada. El viaje se había diluido en mi memoria también, pero recuerdo estar ahí, de pie, viendo El Sol ponerse, pensando en esas gentes que hace miles de años levantaron ese santuario, ese lugar mágico, alineando el Levante con el Poniente,  como una gran brújula que les marcaba el más allá, que servía de guía para las almas de sus seres queridos. Me acuerdo que el paso del tiempo y el movimiento de Traslación de la tierra había hecho que esa gran brújula se descolocase, de manera que el sol salía unos grados más al Este y se ponía unos grados más al Oeste. Me imagine, de repente, a todos esos fantasmas, que habían pasado a despedirse de mí, allí atrapados, perdidos , desorientados, dando incesantes vueltas alrededor de aquel círculo de piedras, sentados, presa de su desesperación, en los verdes prados que lo rodeaban. Sin llegar a entender que esa mística puerta al más allá estaba simplemente unos grados más allá de la flecha marcada en el suelo que indicaba esa línea Este-Oeste en el Equinoccio de Primavera de hacía miles de años.

En la otra cara de la postal había cuatro líneas:

"We shall not cease from exploration
and the end of all our exploring
will be to arrive where we started

and know the place for the first time."

Olvidado el autor, olvidada la dirección, olvidados mis fantasmas, dejé a mi primo y salí corriendo de allí. Corrí por toda la calle, mis pasos resonando por los soportales. El eco retumbando en mis oídos, las lágrimas inundando mis ojos. Estaba harto, estaba harto y quería gritar pero mis pulmones, sofocados, no daban para tanto. Pasé la plaza con la estatua de la señora libertaria y seguí corriendo, a puro sprint, y seguí y seguí por aquellas calles de mi infancia. Me acuerdo de mis años de juventud, recorriendo aquellas retículas con la bici, desbocado. Recuerdo cuando un día, un coche salió de una bocacalle y se llevo por delante a una chica que, también en bici, iba justo delante de mí. Podría haber sido yo, pero solo por metros me libré de aquel golpe. Mientras corría, sin parar, pensé en ello, deseé que saliese un coche de una bocacalle y me golpease fuerte, cerré los ojos deseando el impacto y, al cerrarlos, vino a mí el rostro de la chica atropellada por el coche. Era guapa, unos años mayor que yo, llevaba aparato en los dientes y allí estaba con los ojos fijos en el infinito, bañada por un charco de sangre, siendo su respiración sobre la sangre la única evidencia que teníamos de que seguía viva. Seguí corriendo hasta que llegué al albero, a los perros disecados y allí me desplomé sin resuello.

Me quedé sentado. Resulta que había ido a parar justo a espaldas de mi amigo y de mi amiga. Me alivió estar ahí a su espalda y no frente a ellos. Sinceramente no quería tener que lidiar con esa boca colgona de nuevo. Ni hablar con nadie. No quería ver a nadie, ni acordarme de nadie, ni visitar a nadie, ni escribirle a nadie, no quería hacer nada. Ya está, no quería lidiar con esto. Así que me quedé allí sentado. A mi derecha estaban las gallinas. Parecían vivas, pero estaban inertes, aunque, eso sí, estaban rodeadas de huevos. Estaba oscureciendo y allí me quedé.

Pasó una noche. No recuerdo si llegué a dormir o no. Mi mente estaba en blanco. Centrado en mi respiración, mi boca seca a más no poder era lo único que me irritaba. Pasó un día con su noche y otro con su noche de la mano. Los días eran preciosos, de una belleza asombrosa, mágicos, yo estaba en paz. Mis amigos allí delante mía, las gallinas inertes rodeadas de huevos, cada día más. La gente pasaba, nos miraba y algunos venían y se sentaban en el suelo. Y al caer la cuarta cuarta noche ella se movió. 

Mi amiga se puso en pie. Más bien el espectro de mi amiga. Su cuerpo seguía allí, flor de loto, mientras ella se había puesto en pie, se sacudió la tierra de los pantalones, se dio la vuelta y , con una sonrisa en el rostro, se acercó a mí. Me puso una mano en el hombro.

-Me voy Nacho. Ha  sido un placer- su mirada estaba posada en la mía , directa, fija, pura , sin reproche alguno.-Cierra la boca anda... Me da cosa veros con la lengua ahí colgando- Abrió la boca y descolgó la lengua a modo burlón mientras se reía. Me dio un último toque sobre el hombro y se marchó.

A la mañana siguiente no sabía si lo había soñado o si realmente había visto otro espectro fantasmagórico que venía a visitarme, a modo de despedida, con nocturnidad y alevosía.

Aquel día fue igualmente bello, quizá, más bello que los demás. Los pájaros cantaban, el aire era inmensamente puro. Vino la loca del huerto, con su pelo alborotado, a recoger los huevos que las obedientes gallinas, a pesar de la taxidermia, seguían depositando allí con escrupulosa regularidad. La mandíbula le bailaba de un lado a otro en la cara, extasiada de felicidad al ver la inmensa cantidad de huevos que habían puesto sus queridas gallinas durante aquellos días. Seguro que estaba pensando en la cantidad de tortillas que iba a poder hacer para sus hijos y nietos, pero, claro está, como no había nadie para escucharla, se ahorro los comentarios en voz alta.

Al llegar la tarde, me percaté de un elemento que había pasado desapercibido hasta entonces. Resulta que la postal estaba allí tirada, la postal de Stonehenge. Estaba a escasos centímetros de distancia, con sus piedras perfectamente visibles, ese sol poniente en el horizonte, indicándonos el camino. Me pasé la tarde mirándola. Mi mente en blanco, mi lengua colgona, nada me importaba, ¿era feliz?... Que más daba.

 Al ponerse el sol, lo seguí con la mirada y fue entonces cuando me puse en pie. Abandoné mi cuerpo, caminé hacia el sol de poniente y el albero se convirtió en hierba. Un prado verde se extendió ante mí. Atrás quedó mi cuerpo, atrás los perros disecados y las gallinas con sus huevos, atrás el virus y sus disfraces de Guardia Civil, atrás el mundo de los vivos ( que están muertos). Y allá, adelante, las piedras de Stonehenge, con su perfecta orientación Este-Oeste, allá el sol poniéndose. Allí la niña olvidada, que nunca recibió la carta, con su cara bonita, recibió un beso en la frente. La llamé por su nombre, ya olvidado, y me despedí entre risas, andando hacia el ocaso.




sábado, 18 de abril de 2020

E.


Es increíble cómo puedes pasar de la felicidad absoluta a la tristeza total.
Estando solo, con tus cosas, tus pensamientos, tuyos y los de los otros y otras.
Ellos y ellas no lo saben. Y es que ni tú lo sabes.
Eliges estar bien. ¿Y eso cuánto dura?
Ese sentimiento dura 17 pasos.
Estás en casa.
Estás bien.
Estás.

lunes, 13 de abril de 2020

Me robaron la primavera

...guanti, mascherina, chiavi e soldi:
scendo a fare la spesa e una primavera imponente mi da il benvenuto
avevo lasciato gli alberi spogli e mi ritrovo un verde rigoglioso
all'improvviso una sensazione mista tra incazzatura e perplessitá
mi lascia l'amaro in bocca
pago e sorrido con gli occhi al commesso del carrefour
torno nel mio appartamento che non ha balconi né terrazza
mi fermo
respiro
osservo il pezzo di cielo che mi é permesso vedere da qui...
accendo una sigaretta
dovrei smettere
come dovrei dormire la notte
e penso che mi hanno rubato la primavera
non so chi ma mi sento impotente e claustrofobica
di tutta questa situazione dove ho cercato di trarre sempre il lato positivo e un sorriso
senza mai lamentarmi o rompere le palle al prossimo
mi sono sentita derubata del tempo perso...
ma quanto ne ho perso inutilmente?
pensateci giorni trascorsi dietro a gente tossica, inutile, finti amici o amori sbagliati..
giorni ad aspettare il ritorno o le scuse sincere di qualcuno
e li eravamo liberi
liberi di scegliere
liberi di mettere un punto
che non abbiamo messo...
ma poi inizi un percorso meraviglioso che parte da te e finisce con te...
e alla fine la vera prigionia non é di certo una quarantena trascorsa in solitaria...
ma la poca consapevolezza di perdere tempo con chi il tempo non é disposto a perderlo con te!

domingo, 12 de abril de 2020

A las 20.00


Cuando todo esto acabe, lo primero que haré será ir a escuchar a los vencejos.  
Desde pequeña me fascina su canto y me conmueve de una manera muy especial. 
Es una especie de efecto magdalena de Proust. 
Me devuelven inmediatamente a los comienzos del verano, del calor. A todos los comienzos del verano y del calor que he experimentado desde niña. 
Un momento muy específico del año que dura apenas unas semanas, un mes si tienes muchísima suerte, y que es promesa de muchas cosas. 
De largas tarde-noches estivales. 
Del fresco que te da la bienvenida a una noche de tregua calorífica. 
De personas, lugares y momentos que se hacen mucho más fáciles. 
O lo parecen. 
Hace una semana, los vencejos habían llegado a Lavapiés. 
Ayer, los escuché de fondo en un audio que llegaba desde Granada. 
Y ando algo triste. Porque aquí todavía no han llegado. 
Estoy convencida, sin embargo, de que en el centro de Toledo sí que están. 
En el casco, concretamente.  
El casco histórico.  
Pero aquí aún no. 
La relativa altura con respecto a Toledo en la que me encuentro es, a veces, una ventaja y, otras, una clara desventaja, como ahora. 
Tres o cuatro grados menos. 
El aire algo más limpio, eso sí.
Pero los vencejos aún no han llegado. 
En Toledo los llaman aviones. A los vencejos. 
Aunque ahora que lo pienso igual son otro tipo diferente de pájaro.1 
Ahora lo busco.2
Hace un rato, a la que volvía desde Toledo, me ha parecido escucharlos de lejos. 
He disminuido la marcha del coche intentando agudizar el oído a través de la ventana abierta. 
Es posible que fueran ellos; la hora era la correcta. 
La entrada de la mañana o la antesala de la noche. 
Me ha recorrido u escalofrío y casi me pongo a llorar. De tristeza, de emoción, de felicidad, no lo sé.  
Vaya tontería. 
Y, sin embargo, inevitable. 
No sé qué extraño efecto causan esos pájaros en mí. 
Es la condensación exacta de mi felicidad. 
No de la real, por supuesto. 
De la prometida. 
De la que me prometen. 
O de la que yo me prometo. 
Llevo un rato pensando en escaparme a escucharlos. 
No ahora, claro. Ahora habrán dejado de cantar. 
Esta tarde, sobre las 20.00.  
Más o menos. 
Urdir alguna excusa cómprica, agarrar una bolsa del mercadona y escaparme. 
Coger el coche y bajar a Toledo. 
Y luego subir al casco. 
(Subir desde abajo) 
(No puedo subir al caso desde mi posición alturímica sin antes bajar) 
Aparcar en las covachuelas y subir dando un paseo por el miradero.3,4 
Atravesar Zocodover, antiguo mercado de reses, dejando a mi izquierda el Arco de la Sangre (versión humilde del rastro de Madrid)5,6 
Seguir por la calle del comercio, con su sastrería y su sombrerería tan antiguas, compitiendo sin esperanza alguna con las yogurterías y las máquinas expendedoras de pizza.7 
Quizás, desviarme un poco y bajar por Tornerías, más conocida como la calle de las pescaderías, con su penetrante aroma, hasta el teatro de Rojas.8,9 
(Ignoro qué productos se vendían antiguamente en esta calle). 
(No creo que fuera pescado). 
Seguir bajando un poco hasta la Posada de la Hermandad, antiguas mazmorras de la Santa Inquisición, donde tantas cosas raras nos pasaron aquella noche de San Juan.10 
O, quizás, seguir por la calle del Hombre de Palo, en la que el autómata de Juanelo caminaba pidiendo la limosna que a su creador se le negaba.11 
Torcer a la izquierda12 y, por fin, bajar hasta la plaza de la Catedral.13 
Allí es donde más fuerte se hace el sabor de mi magdalena de Proust. 
Siempre. 
Sentarme en un banco y apagar todos mis sentidos a excepción del oído. 
Escuchar a mis vencejos y dejarme llenar de las promesas que salen de su pico. 
Y luego, volver. 
Quizás lo haga. 
Esta tarde. 
Alrededor de las 20.00


1. Vencejo común
2. Avión común

3. Barrio de las Covachuelas

4. Paseo del Miradero

5. Plaza de Zocodover

6.Arco de la Sangre

7.Calle del Comercio

8. Calle de las pescaderías

9. Teatro de Rojas

10. Posada de la Hermandad

11. Calle del Hombre de Palo

12. Bajada a la Catedral

13. Plaza dela Catedral de Toledo

Llueve ahí fuera

 La luz es gris desde hace tres días. No hay sol. No se deja ver. Tengo la sensación de estar atrapado en una prisión de la que no puedo sal...